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Opinión

Davos 2020

Michael Vázquez Montes de OcaEconomía Popular

Se llevó a cabo la edición cincuenta del Foro Económico Mundial de Davos en Suiza del 21 al 24 de enero del 2020. Iniciado en 1971, declara que se constituyó con el fin de mejorar el estado de la sociedad y desde su creación respondió a que “el mundo de los negocios” tenía que discutir con “el de la política” sobre un nuevo orden.

Participan líderes de los negocios y de la política internacional, filántropos, académicos, periodistas e intelectuales selectos, para analizar los problemas más apremiantes y discutir una agenda de futuro. La fórmula de “CEOs + políticos” se fundamentó en el criterio de que en las empresas estaba la llave para el progreso y la confianza para los inversionistas.

Es una organización no lucrativa, con sede en Ginebra y oficinas en Pekín, China y Nueva York. Su directorio, formado por 24 miembros, entre ellos, Al Gore y la Reina Rania Al Abdullah, acuden como invitados habituales el multimillonario George Soros, el ex primer ministro británico Tony Blair, el jefe de Facebook Mark Zuckerberg, el cantante de U2, Bono, y este año acudieron 80 súper-multimillonarios. Genera informes de investigación, proposiciones sectoriales y acompañó paso a paso la proyección del neoliberalismo y la liberalización de los flujos de capitales y del comercio como dogmas de la buena gobernanza mundial.

El encuentro se dedicó al denominado “el capitalismo de los partícipes” (stakeholder capitalism), que apuesta por un modelo integrador y sostenible, corrector de los problemas introducidos por el capitalismo y agudizados desde la crisis financiera. El nuevo Manifiesto introduce que las entidades paguen un porcentaje equitativo de impuestos, tolerancia cero a la corrupción, competencia en igualdad de condiciones y discusión sobre los efectos del cambio climático y la sostenibilidad, a lo se refirió el fundador y presidente ejecutivo del foro como especie de “misión social”, que antes no encontró eco, por imponerse al “capitalismo de accionistas” que busca maximizar los intereses de los inversores.

El sentimiento de la mayoría de los empresarios capitalistas pasó de optimista en el 2018 a sombrío en el 2019, que fue el peor año de los últimos diez; se reflexiona que la incertidumbre respecto al crecimiento es la mayor amenaza, seguido de los cambios legislativos y regulatorios, los desafíos tecnológicos, conflictos comerciales, la evolución y futuro de Internet, los ciberataques, la ciberseguridad, la fragmentación de la Red, las reformas para normar los contenidos y división de los gigantes tecnológicos, concediendo atención especial a la digitalización inminente del planeta, la inteligencia artificial y la tecnología 5G.

La Oxfam divulgó la asombrosa evolución de la desigualdad social; 2,153 multimillonarios en el año 2019 tenían más dinero que el 60% de la población del planeta y la directora gerente del Fondo Monetario Internacional reseñó que su aumento no es una buena receta para la estabilidad y la sostenibilidad. El 72% de los ejecutivos exteriorizó que la principal preocupación era la sobrerregulación a las corporaciones e impedimento para el progreso y el 71% se queja de un gasto social excesivo y de la deuda de los gobiernos.

El capitalismo no está funcionando. Los efectos de la crisis financiera y el bajo crecimiento se unen a variaciones estructurales y por ello un propósito del capitalismo es que las entidades vayan más allá del provecho y generen valor para todos.

Un informe de Price Waterhouse refleja el espíritu davosiano al tener en cuenta que el cambio climático es un reto que empieza a ser reconocido por las organizaciones mundiales. Ocupa el puesto número 11 entre las principales preocupaciones de los ejecutivos y no está entre las cuestiones que más inquietan a los directivos de Norteamérica, del Este de Europa, ni a los latinoamericanos, africanos o a los de Oriente Próximo; sólo en europeos y asiáticos se percibe una cierta preocupación y por ello es fácil entender por qué los Acuerdos de París no han logrado avances concretos; los ejecutivos son más proclives a ver los beneficios de ser “verdes”, por lo que no es de extrañar que la activista Greta Thunberg sea una de las figuras destacadas de la cita, en la cual dijo que la Tierra “en caso de que no lo hayan notado, está actualmente en llamas”.

Tras ocho elecciones presidenciales en 2019 y una cadena de estallidos sociales, América Latina acusa significativa inconformidad por los problemas de la pobreza y desigualdad. Cómo se atienden sus desafíos sociales y medioambientales para evitar una década perdida y dilucidar su futuro fue objeto de una mesa de debate, de la que formó parte la secretaria ejecutiva de la CEPAL; la economía se estancó el año pasado y trepará un modesto 1.5% en el 2020 y hay fragilidad en sus mercados y en lo social, según el FMI. En una misma región la esperanza de vida puede ser hasta diez años más para un habitante de la clase alta que para alguien que vive en la miseria.

El Papa Francisco, en su mensaje al Foro, se refiere a las transformaciones geopolíticas y los cambios de los últimos cincuenta años y constata que, si bien muchos de los desarrollos han favorecido a la humanidad, otros han tenido efectos adversos y han instituido importantes lagunas. Señala que “todos somos miembros de la única familia humana” y “es necesario situar a la persona humana en el centro mismo de la política”, que es un deber que incumbe a empresarios y gobiernos e ir más allá de los enfoques tecnológicos o económicos en la búsqueda de soluciones a los problemas actuales y en las iniciativas para el futuro; añade que con frecuencia las visiones materialistas conducen a prácticas y estructuras por interés propio, que da lugar a una verdadera injusticia e invoca a que las deliberaciones conduzcan a una ampliación de la solidaridad.

El presidente estadounidense denunció a los “profetas de la fatalidad” climática, alentó a invertir en su país dado su resurgimiento fuerte y próspero y volvió a arremeter contra la prensa, a la que ha tachado de “falsa” y “mentirosa”; instando a hacer frente al supuesto apoyo de Irán al terrorismo y a “bloquear su camino hacia un arma nuclear”, abogando por restaurar la “integridad” del sistema comercial para conseguir un comercio “justo y recíproco” y manifestó que su presencia era para defender y representar los intereses de Estados Unidos, al cual siempre pondrá primero, pero quiere que todos prosperen y crear un mundo mejor.

Llovieron las críticas y cuestionamientos contra Trump y el unilateralismo practicado por su administración; el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos abrió el fuego, reprendió sus políticas, al tiempo que defendió el diálogo y afirmó que el multilateralismo es una necesidad; J.E. Stiglitz, Premio Nobel, opinó que el jefe del gobierno de Washington evitó abordar temas clave como el cambio climático y calificó de errónea la caracterización sobre la economía estadounidense y la ONG Greenpeace denunció que una veintena de grandes bancos presentes proporcionaron 1.4 billones de dólares a los hidrocarburos desde 2015 y son responsables y tan culpables como la industria petrolera del cambio climático.

En el 2001 comenzó el llamado Foro Social Mundial de Sao Paulo para debatir alternativas, dando lugar a que Davos lo invitara a sus debates, pero el problema continúa siendo el mismo, pretender que las empresas organicen la sociedad y dirijan sus decisiones políticas. Desde fines del siglo pasado, el G7, el Banco Mundial, la Organización Mundial de Comercio y el FMI, recibieron críticas de parte de activistas que afirmaban que el capitalismo y la globalización estaban amplificando la pobreza y destruyendo el medioambiente y la Asamblea Anual también ha sido menospreciada por no tratar asuntos importantes y abordar otros de poca significación.

El 2020 marca la intención en Davos de construir un mundo más sostenible e inclusivo y aboga por el papel de las compañías en la cuarta revolución industrial. Lo comprendido en Stakeholders, para superar la diferencia de ingresos, la división social y la crisis climática, agrupa seis áreas de actividad principales: Ecología, Economía, Sociedad, Industria, Tecnología y Geopolítica.

Pero, ¿qué es Davos, realmente? Es el cónclave de la elite y dueños del universo, que pudiera llamársele “la vitrina del sistema capitalista”, donde los ricos van a exhibir sus rendimientos. El editor general de la revista Time y la autora y cofundadora de Foreign Policy Interrupted lo describen como “una reunión familiar de las personas que están destruyendo el mundo moderno” y Craig Murray, ex embajador británico, ahora historiador y activista de derechos humanos dice que “sirve como un recordatorio anual de lo mal que Dios nos avisa cuando se nos viene encima una avalancha”.

El Foro es corresponsable de lo que sucede y le asusta: Donald Trump, el Brexit, el ascenso de la extrema derecha en Europa y en otras varias partes, las turbulencias geopolíticas que vienen creciendo, desmienten el éxito de las expectativas de los CEOs. Que la política democrática sea abandonada por sectores hasta mayoritarios de la población, manipule miedos y traumas es el resultado trágico de una ideología perversa.

La globalización fue establecida por las corporaciones, a costa de los trabajadores y ciudadanos; uno de los objetivos era debilitar el poder de negociación de los trabajadores. Para superarlo, hay que reorganizar la vida política y económica con criterios de inclusión social y convivencia.