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Opinión

El abrazo entre Petro y Trump

“Como ocurre en la política, Petro seguirá siendo Petro y Trump no se va a convertir en un demócrata de izquierda”.

El abrazo entre Petro y Trump
El abrazo entre Petro y Trump

El tan esperado -y temido- encuentro entre el presidente colombiano, Gustavo Petro, y el estadounidense, Donald Trump, por fin tuvo lugar ayer en, un derroche de cordialidad y algunos signos amistosos como que la primera dama de Estados Unidos luciera un vestido creado por la diseñadora Flor Imbacuan Pantoja, de una región con alta composición indígena del Sur de Colombia, limítrofe con Ecuador.

El presidente Petro que nos había tenido padeciendo por su conocida impuntualidad, en este caso llegó a la cita con algunos minutos de anticipación. Y en el escenario de la entrevista se podía apreciar un tablero con las leyendas A great honor, firmada por el presidente colombiano y Love Colombia firmada por el presidente Trump.

Ninguna de las premoniciones y deseos de la extrema derecha sobre el fracaso del encuentro se cumplieron. Sus esfuerzos, desde el Gobierno anterior, para minar las relaciones entre los dos países fracasaron. Ese fue el único fracaso, deseable por cierto, del encuentro. Tantas visitas de algunos de sus más conspicuos voceros para ensuciar el ambiente político, acudiendo a algunos de los más extremistas entre sus amigos republicanos dieron fruto. Tienen experiencia en ello, en el Gobierno anterior intervinieron en la carrera presidencial norteamericana, para perjudicar la campaña de Joe Biden, rompiendo la costumbre diplomática de mantener relaciones con ambos partidos y no interferir en ese terreno.

Había razón para abrigar temores: Petro llegaba luego de haber sido descertificado -y con él Colombia- en su lucha contra el narcotráfico, incluido en la lista Clinton y perdido la visa. A su vez él, que no se muerde la lengua, había tenido gestos que Trump recibió como enfrentamientos, tales como el negarse a recibir un avión con migrantes colombianos deportados que venían en condiciones humillantes, esposados y maltratados. Y el más relevante y peor recibido, cuando luego de la reunión de la ONU salió a la calle y arengó, parlante en mano, a los soldados pidiéndoles que no obedecieran a sus superiores cuando recibieran órdenes “contra la humanidad”.

En relación con Venezuela, Petro había rechazado enérgicamente los bombardeos a las lanchas en el Caribe, dijo varias veces que Nicolás Maduro había sido secuestrado por el Gobierno de Trump y que debería ser devuelto a su país y su cargo. A lo cual Trump respondió con amenazas abiertas al presidente colombiano con que correría la misma suerte, luego de haberlo tildado de ser jefe de un cartel del narcotráfico.

Este encuentro había sido precedido de una llamada cordial entre los dos presidentes, pero las descalificaciones no paraban. Incluso Petro dijo la semana pasada que Trump y Maduro eran igualitos porque ambos eran ilegítimos.

Así que había temores racionales en ambos países y la derecha colombiana se relamía pensando en que incluso Petro podría ser capturado en Estados Unidos. Pero la entrevista transcurrió en un tono especialmente cordial. Como un gesto cargado de simbolismo, el colombiano llevó como obsequio una canasta de productos enviados por campesinos que abandonaron el cultivo de la coca para producir cacao, café y otros que hoy en día son la base de su sustento. Pero también expuso su estrategia anti narcotráfico, explicada por el ministro de Defensa.

Por su parte Trump le regaló al colombiano un ejemplar de su libro El arte de vender, con la dedicatoria You are great. Ambos presidentes, y con ellos sus países, resultaron ganadores con esta entrevista: Trump, porque enfrenta una pérdida de popularidad, su política antinmigración basada en la represión del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) le ha resultado fallida y enfrentaba un cierre presupuestal en el Congreso. Además, necesita el apoyo de Petro para mantener la frontera con Venezuela sin mayores convulsiones si quiere que sus petroleras puedan explotar “su” petróleo. Petro, por su parte, está en el final de su periodo, en un ambiente político enrarecido por eventos traumáticos como el asesinato del candidato de la extrema derecha Miguel Uribe Turbay y un ambiente preelectoral en medio de la arremetida de los grupos armados ilegales que no quisieron acogerse al ofrecimiento de Paz Total, una de las políticas bandera de su presidencia.

Así que, como ocurre en la política, Petro seguirá siendo Petro y Trump no se va a convertir en un demócrata de izquierda, pero el pragmatismo se impuso y esperamos en ambos países que la necesidad de la paz siga siendo una realidad que supere las diferencias objetivas.