Un residente de la colonia Fraternidad Antorchistas, quien dijo llamarse Josué, señaló que son pocos los taxis que circulan ya entrada la noche. “Depende de cómo te vean, te prestan el servicio o no”, afirmó.
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Según su testimonio, mientras durante el día el transporte es constante, al caer el sol la situación se vuelve crítica para quienes buscan ingresar a este asentamiento en los límites de la capital.
Este déficit de movilidad no se limita a una sola colonia, sino afecta al menos a una decena de asentamientos, en su mayoría irregulares, situados en los alrededores de Chetumal. Durante un recorrido por varias zonas donde la estrategia de transporte aún no ha llegado, los vecinos coincidieron en señalar la dificultad de regresar a sus hogares. La negativa de los taxistas se debe, en algunos casos, a la lejanía de las rutas y, en otros, al temor fundado por la inseguridad.
Quienes residen en la colonia citada, ubicada prácticamente fuera de la mancha urbana, al final de la avenida Erick Paolo Martínez, describen como un verdadero viacrucis el retorno a sus hogares. Para quienes no poseen vehículo propio, la situación es complicada, ya que las unidades de alquiler no se arriesgan a circular en determinados horarios. Josué recordó que, hasta hace algunos años, la zona de ingreso —una brecha deteriorada— registraba constantes asaltos a taxistas, motociclistas y peatones. Agregó que esta es estrecha y solo cabe un auto, el mal estado obliga a reducir la velocidad, circunstancia que históricamente ha sido aprovechada por la delincuencia.
Según los vecinos, estos incidentes quedaron marcados en la memoria de los transportistas, lo que hoy se traduce en una negativa sistemática para brindar el servicio en la zona. Josué, quien labora en una empresa comercial con horario de oficina, aseguró que el transporte por aplicación no es viable para su economía, dejándolo a merced de la disponibilidad de los taxistas.
Una situación similar enfrenta Leyla en Calderitas. Como empleada del Gobierno estatal, debe destinar una parte importante de su salario a pagar taxis, aunque planea adquirir una motocicleta para resolver su traslado. Explicó que el principal problema ocurre al intentar regresar a casa, ya que los conductores suelen llevar pasajes compartidos o simplemente alegan que el destino está demasiado lejos.
Este problema de conectividad y seguridad se replica en otros asentamientos como Santa Isabel, Mártires Antorchistas, Colonia Olvidada, Los Palomos y El Cielo. Mientras la mancha urbana de Chetumal se expande, estas zonas periféricas obligan a sus habitantes a caminar largas distancias o depender de un transporte público que no siempre está disponible.
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JGH