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Quintana Roo / Riviera Maya

Carencias obligan adultos mayores de Kantunilkín a seguir trabajando para sobrevivir

Adultos mayores trabajan extenuantes jornadas pese a sus dolencias física; es impensable jubilarse.

Liberato, con más de 70 años, dijo que pedalea doble turno en tricitaxi y sólo logra d 50 a 80 pesos diarios.
Liberato, con más de 70 años, dijo que pedalea doble turno en tricitaxi y sólo logra d 50 a 80 pesos diarios. / Enrique Cauich

En la región, la vejez ha dejado de ser sinónimo de descanso y se ha transformado en una prolongación forzada de la vida laboral, de acuerdo con testimonios recabados en la comunidad.

Entrevistados revelaron que, pese a la existencia de programas federales como la “Pensión para el Bienestar”, los apoyos resultan insuficientes. El encarecimiento de la vida, la precariedad del sistema de salud y carencia de empleos adecuados obligan a personas de más de 70 y 80 años realizar actividades físicamente extenuantes. Esta realidad expone una vejez marcada por la necesidad y no por la protección social.

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A sus más de 70 años, Liberato encarna la crudeza de esta problemática. A pesar de padecer dolores crónicos en las rodillas, trabaja como triciclero en la cabecera municipal en dos turnos agotadores: de 8:00 a 14:00 y de 16:00 a 20:00 horas. Su ingreso diario apenas alcanza entre 50 y 80 pesos, una cantidad desproporcionada frente al desgaste físico que enfrenta.

Aunque recibe la pensión universal y apoyo familiar, Liberato aseguró que el dinero no alcanza. La responsabilidad de sostener su hogar, sumada a la ausencia de opciones laborales acordes a su edad, lo obliga a seguir pedaleando, lo que evidencia que la seguridad social funciona sólo como un paliativo que no cubre la canasta básica ni los costos de salud.

La situación se replica en el ámbito rural. Vicente complementa el trabajo de su parcela, donde cría gallinas y cultiva hortalizas, con la venta de leña a 30 pesos el tercio. Reconoce que cualquier emergencia médica rebasa los apoyos federales y su negativa a depender completamente de sus hijos lo impulsa a seguir trabajando mientras su cuerpo lo permita.

Vicente detalló que se apoya con la venta de leña
Vicente detalló que se apoya con la venta de leña / Enrique Cauich

En el sector servicios, Julián, taxista, enfrenta la inestabilidad económica, quien dijo que en un buen día obtiene 200 pesos netos tras pagar combustible. La inexistencia de un fondo de retiro lo obliga a continuar al volante, aun cuando la edad limita su capacidad.

Las mujeres tampoco están exentas. Tere, de más de 80 años, vende pollos desde temprana hora, mientras que Luci prepara antojitos regionales antes del amanecer. Ambas coinciden en que el aumento de precios ha reducido el valor real de los apoyos y que trabajar les brinda independencia y un respaldo ante emergencias médicas.

El caso de Pedro suma otro factor: la soledad. Tras enviudar, acude diariamente al campo para mantenerse activo, aunque admite que no puede costear ayuda para trabajar su milpa. El pago de servicios básicos como el agua y luz aunado a sus medicamentos consume su pensión, confirmando que el Estado no ha garantizado un envejecimiento digno.

La ausencia de políticas públicas efectivas y de un mercado laboral incluyente ha convertido la vejez en una etapa de cansancio y carencias, donde el discurso oficial contrasta con la realidad de adultos mayores obligados a seguir trabajando para sobrevivir.