El desarrollo turístico impulsado por la empresa Royal Caribbean en el sur de Cozumel ha generado afectaciones ambientales significativas, debido a que se ejecuta en una zona sensible donde existen manglares, esponjas marinas y arrecifes.
De acuerdo con Guadalupe Cab, representante de Conservación, Investigación y Manejo Ambiental de Cozumel (CIMAC), esta zona donde se pretende construir el proyecto turístico ya presenta daños visibles y un deterioro progresivo derivado de las obras y actividades asociadas a esta obra.
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Ante este hecho, ambientalistas documentaron los impactos directos en manglares y arrecifes cercanos, así como alteraciones en la vida marina, lo que ha encendido alertas por el riesgo de un daño irreversible en una franja costera considerada estratégica para la biodiversidad y la protección natural de la isla.
A ello se suma la preocupación de ecologistas y ciudadanos por una posible saturación turística, que incrementaría la contaminación, el tráfico marítimo y el desplazamiento de fauna silvestre y marina.
Guadalupe Cab advirtió que el área donde se pretende consolidar el proyecto alberga las cuatro especies de mangle existentes en México, todas protegidas por las NOM-059 y 022, así como la Ley General del Equilibrio Ecológico y la Protección al Ambiente, e incluso por el Artículo 420 del Código Penal.
Agregó que el proyecto también vulnera el derecho al acceso a las playas públicas, al avanzar hacia la privatización de lo que calificó como el último arenal abierto del sur de la isla, lo que afecta directamente a la población local.
“Le están quitando a los cozumeleños un espacio que históricamente ha sido de uso común”, afirmó.
Alertó que la zona del proyecto se localiza frente y dentro del área costera del Parque Nacional Arrecifes de Cozumel, donde se han observado enfermedades en esponjas y peces, así como un aumento evidente de algas sobre los corales, indicadores claros de estrés ambiental.
“Las esponjas y los peces están mostrando afectaciones; el crecimiento de algas sobre los corales es cada vez más notorio”, subrayó.
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Refirió que la alteración de manglares y arrecifes no sólo impacta a las especies que dependen de estos ecosistemas, sino que también debilita las barreras naturales que protegen a la isla contra tormentas y huracanes, incrementando la vulnerabilidad de la región ante fenómenos naturales.
Ante este panorama, ambientalistas insistieron en la necesidad de una evaluación ambiental rigurosa, transparente y con seguimiento permanente, que priorice la protección de los ecosistemas marinos y costeros por encima de intereses turísticos o comerciales, advirtiendo que los daños que hoy se generan podrían ser irreversibles a mediano y largo plazo para la isla.