Síguenos

Última hora

Incendio en medidores eléctricos desata movilización en la colonia Justo Sierra, Ciudad del Carmen

Yucatán

100 representaciones de 'Nada humano nos es ajeno”

Víctor Salas

Asistí como público a la presentación número uno de “Nada humano nos es ajeno”, y la vida me otorgó tiempo para ver la centenaria representación de esa misma obra, cuya celebración fue en el foro del Centro Cultural Olimpo donde se llevó a cabo la ceremonia de develizar una placa alusiva al acontecimiento. Más allá de ese grato ritual, la obra tiene aspectos imperecederos ya, y nos ha demostrado el significado de la actividad teatral para una mujer como Silvia Káter, quien no hace aspavientos de grados académicos pero que desarrolla una actividad teatral como nadie en esta ciudad, porque no está buscando justificaciones a becas o premios, ni la calificación del teatro como actividad escolar. ¡No!, Silvia hace teatro por convicción, por el hedonismo que proporciona estar enfrente de un público que no sabes si le gustará o no, tu trabajo. Eso le permite a Silvia desarrollar mucha actividad teatral, adquiriendo una experiencia fuera de serie o pocas veces lograda en el medio local. Ella no se resiste al teatro y el teatro la cobija a ella con tersura o fragor, convirtiéndola en una señorona de la escena local que es capaz de actuar cien veces en la misma obra, haciéndolo de manera fresca, espontánea y con un gran clic con el público.

No es fácil llegar a la centena de una misma actividad. Todos lo sabemos, hay que pedalearle duro, ir y venir, hacer antesalas, agarrar contactos, no dejar pasar ni una sola oferta, o definitivamente, hacerlo por cuenta propia. Todo ello envuelve al trabajo de la señora Káter y la engrandece.

“Nada humano nos es ajeno” es un trabajo para dos actores que llenan a plenitud todo espacio por donde caminan o desarrollan una escena. Juan Carlos Hernández y Silvia Káter se preocupan por los problemas del mundo, por toda la temática agresiva a la vegetación, el niño, el medio ambiente, la sociedad, las razas, la cultura y la política. Nada dejan de lado en los textos de la obra. Y ahí es donde Silvia Káter se nos transforma en un enigma, porque parecería conservadora, pero nos asalta con palabras progresistas, asumiendo las causas de los mejores seres de la humanidad. Verla en el Olimpo me hizo recordar su dolor manifiesto en el Facebook, cuando denunció la falta de público en muchas salas teatrales de la ciudad, recibiendo como paliativo una invitación de la Secretaria de Cultura para platicar con ella.

Juan Carlos Hernández representa a varios personajes, pero sobre todo a un albañil. En cada uno de ellos su caracterización es fresca, de libre albedrío, ingeniosa, pero sobre todo coincidente con la arquitecta Káter que va a dirigir una obra arquitectónica, fuera de serie. El canta, y su voz y timbre tienen el código de lo agradable. No tiene un gran vuelo vocal, pero es muy entonado. Sabe hacer que la gente se ría con sus textos y crea una atmósfera de plácida concentración.

¡Vaya!, más de sesenta minutos vivimos en el placer y escuchando cosas humanas.

Al final de la obra, Irving Berlín Villafaña, director de Cultura del Ayuntamiento de Mérida, le dio carácter oficial a la develación de la placa alusiva al acontecimiento. Previo a esto, todos cantaron “Sólo le pido a Dios”.

Les mando un enorme abrazo a la actriz y al actor. ¡¡¡Felicidades!!!