Yucatán

Península de Yucatán enfrenta crisis de conservación con casi 300 especies bajo amenaza; desde tortugas hasta el jaguar

La pérdida de hábitat, la caza ilegal y la fragmentación de ecosistemas han afectado a casi 300 especies en la Península de Yucatán.

La pérdida de hábitat y la presión humana ponen en peligro la supervivencia de 300 especies clave en Yucatán
La pérdida de hábitat y la presión humana ponen en peligro la supervivencia de 300 especies clave en Yucatán / Especial

La Península de Yucatán, un mosaico de selvas, manglares, cenotes y costas que se extienden entre México, Belice y Guatemala, es considerada un epicentro global de biodiversidad. Aquí conviven miles de especies que han evolucionado durante milenios en un entorno único, adaptado a suelos de roca caliza, climas tropicales y ciclos ecológicos complejos. Pese a ello, este santuario natural enfrenta un momento crítico: la actividad humana está dejando cicatrices profundas, y muchas de sus especies se acercan peligrosamente al borde de la extinción.

Datos oficiales sugieren que en Yucatán hay casi 300 especies bajo alguna categoría de riesgo, afectadas por la pérdida de hábitat, la caza ilegal y la fragmentación de ecosistemas que antes eran continuos y vibrantes. La Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) ha identificado un panorama preocupante: alrededor de 292 especies en riesgo dentro del estado, incluidas aves, reptiles, mamíferos, anfibios y plantas que constituyen el tejido vivo de la región.

El Colegio de la Frontera Sur detalla que la península alberga 123 especies de mamíferos terrestres. Quintana Roo encabeza la diversidad con 108 especies, seguido por Campeche (103) y Yucatán (70). De esa cantidad, al menos 41 especies están en riesgo de extinción, debido a una combinación de amenazas sanitarias y ambientales, que van desde parásitos hasta la contaminación por microplásticos que son ingeridos por los animales, causándoles daños en su salud.

El tapir es una de las especies en las que se ha detectado la mayor ingestión de microplásticos dañinos, como fragmentos de fibras, pedazos de llantas y pintura.

Según los especialistas, hay 34 especies endémicas de la región, entre las que destaca el mapache enano de Cozumel; sin embargo, los más vulnerables son los murciélagos, que tiene 64 especies, y los roedores (20 especies), grupos vitales para la polinización y la dispersión de semillas.

El canto silente de las aves

En la Península de Yucatán, aves emblemáticas luchan por sostener sus poblaciones frente a la deforestación y la degradación de humedales. Especies como la matraca yucateca (Campylorhynchus yucatanicus) y el loro yucateco (Amazona xantholora), endémicas de los matorrales y costas peninsulares, han visto reducidos sus territorios por el avance de proyectos urbanos e infraestructura.

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 El pavo del monte (Meleagris ocellata), un símbolo del trópico mexicano, enfrenta presión por la pérdida de selvas bajas y por la caza ilegal, mientras que otras aves como el pato real mexicano y la cigüeña jabirú sufren por la desaparición de manglares, humedales y zonas boscosas que fueron su hogar durante generaciones.

Estas aves no son cifras: son voces que alguna vez llenaron los cielos con sus cantos y que hoy se escuchan con menor frecuencia. Para las comunidades que habitan junto a los manglares y la selva baja, su ausencia es una señal de alarma, un indicio de que la naturaleza está cambiando más rápido de lo que pueden adaptarse sus especies.

Gigantes que caminan entre sombras

Entre los mamíferos terrestres, el jaguar (Panthera onca) sigue siendo el rey del bosque peninsular, aunque su reinado está lejos de ser seguro. Aunque recientes censos nacionales han registrado un crecimiento poblacional de este felino en México, con más de 5,300 ejemplares contabilizados, expertos advierten que aún está clasificado como especie en peligro de extinción y que su supervivencia dependerá de la consolidación de corredores biológicos que conecten áreas protegidas y mitiguen el impacto de la fragmentación de hábitat.

Otras especies como el ocelote (Leopardus pardalis), el tigrillo (Leopardus wiedii) y el leoncillo o yaguarundí (Herpailurus yaguarundi) enfrentan una presión constante por la pérdida de cobertura forestal, la caza furtiva y las tensiones con actividades humanas que invaden sus territorios naturales. Su presencia es vital no sólo por su valor ecológico, sino también por su papel en mantener el equilibrio de las poblaciones de otras especies más pequeñas.

La batalla de los reptiles

No sólo los mamíferos y las aves luchan por sobrevivir. La tortuga de pantano de Yucatán (Kinosternon creaseri) –conocida en lengua maya como Xtuk’is– es un caso emblemático de cómo la alteración del medio puede llevar una especie al borde del abismo. Esta tortuga, única en el mundo y confinada a cuerpos de agua dulce de la región, ha pasado de estar en “preocupación menor” a “casi amenazada” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), reflejando la drástica reducción de sus poblaciones debido a la fragmentación de las zonas húmedas que constituyen su hábitat primordial.

Las tortugas y otros reptiles, como el cocodrilo de pantano que también figura entre las especies vulnerables, sufren los efectos de la extracción de agua, la contaminación y la presión humana directa sobre cuerpos de agua que por siglos fueron su refugio.

Señales de alarma silenciosas

Entre los anfibios y pequeños mamíferos de la península, especies como la rana Yucatán robber frog (Craugastor yucatanensis) y la salamandra Yucatán mushroomtongue (Bolitoglossa yucatana) enfrentan amenazas por la pérdida de hábitat y el desarrollo turístico en áreas naturales.

También pequeños mamíferos como el topo orejudo de Yucatán (Cryptotis mayensis), aunque no figura oficialmente en categorías de extrema vulnerabilidad, se ve afectado por la deforestación y la modificación de los bosques secos y selvas bajas que constituyen su entorno natural.

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Causas profundas de declive

 La desaparición o el declive de especies en la Península de Yucatán tiene múltiples causas entrelazadas. La pérdida de hábitat por expansión urbana, la deforestación para agricultura y ganadería, la tala indiscriminada, y la fragmentación de ecosistemas reducen los territorios disponibles para la fauna silvestre. La caza ilegal y el tráfico de animales agregan presión sobre poblaciones que ya se encuentran reducidas.

La contaminación —desde plásticos hasta alteraciones químicas en cuerpos de agua y suelos— altera los ciclos biológicos de muchas especies, afectando desde sus fuentes de alimento hasta sus patrones reproductivos. Además, el cambio climático genera variaciones en patrones de lluvia y temperaturas que desestabilizan procesos ecológicos milenarios.

La presencia humana y la expansión de infraestructura sin criterios ecológicos han dejado su huella en una naturaleza que, aunque resiliente, no es infinita. La desaparición de cada especie es un capítulo que se cierra en la historia natural de Yucatán, con efectos que resuenan más allá de la biología y tocan la vida de las comunidades que dependen de estos ecosistemas.