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Yucatán

Yucatán enfrenta una sequía persistente que acumula 14 periodos de escasez hídrica

Pese a las lluvias y frentes fríos, en Yucatán se registra sequía moderada en aproximadamente 2.8% del territorio.

Yucatán enfrenta episodios de sequía, cada vez más frecuentes y prolongados, que hoy presionan al campo
Yucatán enfrenta episodios de sequía, cada vez más frecuentes y prolongados, que hoy presionan al campo / Por Esto!

La sequía en la Península de Yucatán no es un fenómeno reciente; es un ciclo climático que se ha repetido con intensidad creciente, dejando huellas profundas en la forma en que la sociedad vive, trabaja y se proyecta. En sólo dos décadas y tres años, 14 periodos de escasez hídrica han marcado el pulso del clima en la región, con niveles de sequía que van desde lo moderado (D1) hasta lo severo (D2), de acuerdo con datos históricos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN). La actual sequía, que comenzó en mayo de 2025, es —en términos de persistencia— la séptima más prolongada desde 2003 y continúa activa en varias zonas de Yucatán y la Península.

La península ha exhibido una variabilidad climática que obliga a mirar atrás para entender el presente. Los registros históricos señalan episodios de sequía prolongada durante 2003–2005 y 2006–2008 —este último el más extenso en la historia reciente con dos años continuos de déficit de lluvia—, seguidos de fluctuaciones secas en 2012–2013, 2015, 2016–2017 y episodios más breves entre 2018 y 2022. Más recientemente, un periodo de junio de 2023 a junio de 2024 mostró condiciones insostenibles para ecosistemas y economías locales.

El estiaje de 2025: luces y sombras

El fenómeno que actualmente afecta al territorio inició, de forma oficial, en la segunda quincena de mayo de 2025. Los reportes del Monitor de Sequía en México, herramienta técnica de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), indicaron que en esa fecha la sequía estaba ya presente en 41 municipios de la Península, con 27 catalogados en condición moderada (D1) y 14 con sequía severa (D2).

Aunque el avance de la temporada de lluvias y ciclones tropicales 2025 —que se caracterizó como especialmente activa en buena parte del país— logró reducir las áreas afectadas, en la Península el alivio fue heterogéneo y no suficiente para revertir totalmente los efectos acumulados del estiaje.

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Al cierre de la temporada, los mapas climáticos colocaron la sequía moderada en aproximadamente 2.8% del territorio de Yucatán, mientras que la severa persistió en 1.3%, especialmente en municipios como Río Lagartos, San Felipe y Tizimín.

Las lluvias, aunque presentes, no lograron recargar de forma uniforme los mantos freáticos, ni equilibrar la demanda hídrica creciente que genera una población urbana en expansión y un sector productivo cada vez más exigente.

Impactos en la vida cotidiana

La sequía de 2025 ha tenido consecuencias palpables tanto en el campo como en la ciudad. En zonas rurales del interior de Yucatán, muchos agricultores enfrentaron una temporada agrícola con humedad insuficiente, lo que se tradujo en siembras pospuestas o canceladas, menor producción de maíz, hortalizas y forrajes, y pérdidas de pastos para el ganado.

Además, las comunidades más pobres, con menor capacidad económica para perforar pozos o acceder a soluciones alternativas de abastecimiento, resultaron las más vulnerables. La falta de agua no sólo afectó la agricultura, sino la seguridad alimentaria de familias enteras y las economías locales que dependen de ella.

En las áreas urbanas, incluida Mérida, los servicios de agua han experimentado tensiones: baja presión, cortes programados y restricciones en comisarías y colonias ante la creciente demanda y una oferta que no siempre logra responder de manera estable a las necesidades.

Aguas superficiales y subterráneas

La irregularidad de las lluvias de 2025 —aunque generaron alivio parcial— no fue suficiente para resolver una problemática más profunda: la disminución de reservas subterráneas y el estiaje prolongado que acompaña a la temporada seca típica de la región. Estos factores se acoplan a una canícula prolongada, el periodo de menor precipitación del año que en Yucatán se extiende entre mayo y agosto y que, en 2025, resultó más intensa de lo habitual.

Las consecuencias ambientales también incluyen mayor vulnerabilidad a incendios forestales, degradación de suelos y alteraciones en ecosistemas acuáticos y costeros debido a la menor recarga y cambios en la disponibilidad de agua superficial.

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Comparación con la situación nacional

A nivel nacional, México vivió en 2025 un panorama climático mixto. La temporada de lluvias y ciclones fue tan activa que, al 15 de enero de 2026, el porcentaje del país con alguna categoría de sequía (moderada a excepcional) había caído al nivel más bajo en seis años, afectando sólo al 7.4 % del territorio nacional, cifra significativa si se compara con periodos recientes en los que casi la mitad del país presentaba condiciones secas.

Este contexto muestra que, mientras regiones como el norte experimentaron alivio, las lluvias no siempre alcanzaron para equilibrar el déficit hídrico acumulado en el sur-sureste y la península, donde el ciclo de sequía se siente con mayor persistencia.

Los retos estructurales

Especialistas coinciden en que la crisis del agua no se resuelve únicamente con lluvias más intensas o frecuentes, sino con estrategias de largo plazo. La sobreexplotación de acuíferos, el crecimiento urbano no planificado, el uso ineficiente del recurso y, en algunos casos, la falta de infraestructura adecuada para captación y almacenamiento, agravan la situación.

En medio de esta complejidad, organizaciones sociales y expertos meteorológicos han subrayado la necesidad de planes de gestión integrada del agua, que consideren no sólo la disponibilidad física, sino también la equidad en el acceso y el fortalecimiento de sistemas sustentables de captación en temporadas de lluvia.

Detrás de los números y mapas técnicos, las familias que ajustan sus rutinas diarias para hacer rendir el agua, campesinos debieron vender parte de su ganado ante la falta de pasto, y comunidades rurales donde la perforación de pozos se convierte en la única alternativa, muchas veces a un costo económico insostenible.

La sequía no sólo es un fenómeno meteorológico: es una fuerza que moldea decisiones, reconfigura actividades productivas y redefine la relación entre las personas y su entorno natural.