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Cultura

El humor en tiempos de repulsa e indignación

Pedro de la Hoz

El Gran Premio Eduardo Abela de la recién finalizada XXI Bienal Internacional de Humorismo Gráfico de San Antonio de los Baños fue a parar a manos del joven dibujante Luis Reinier Enrique Torres (Luirri). La obra ganadora se titula Depredador, y muestra al actual mandatario de Estados Unidos travestido como tiburón.

Más allá del indiscutible logro artístico de la imagen concebida por un dibujante de pulso firme e ingenio galopante –no llega a los 30 años de edad este creador que vive y trabaja en Güines, localidad al sur de La Habana célebre por la fertilidad de sus tierras-, el tema recurrente en la Bienal fue Donald Trump.

A San Antonio de los Baños, conocida como la Villa del Humor por haber sido cuna de dos de los grandes cultores de la especialidad, Eduardo Abela y el siempre recordado René de la Nuez, por años distinguido colaborador de los diarios POR ESTO!, concursaron más de 1200 dibujos de artistas de 55 países, estadísticas que hablan a favor del poder de convocatoria de la cita. El jurado de admisión seleccionó 299 para la muestra pública, los cuales, como es habitual, clasificaron en varias categorías. En la correspondiente a caricatura personal se exhibieron 73 piezas. Ese fue el primer lauro conquistado por Luirri, que en liza con las obras distinguidas en los restantes acápites sobresalió al punto de conquistar el Gran Premio.

Tanto en caricatura personal como en sátira política el inquilino de la Casa Blanca resultó el personaje más representado. Ello tiene su explicación. De por sí el mandatario estadounidense es fácilmente caricaturizable. El peinado que remeda un peluquín para renegar de la calvicie, el modo de fruncir los labios, la arrogancia de sus gestos, el desvergonzado uso de su cuenta en Twitter y el histrionismo de sus desplantes cotidianos facilitan la tarea.

Luego están, lo cual es mucho más importante, las políticas implantadas por el magnate inmobiliario que han puesto en crisis la estabilidad planetaria, y de modo particular la de la América Latina y el Caribe, donde revive la pesadilla de la decimonónica Doctrina Monroe.

No solo la tendencia a tener en la mira humorística al presidente de EE.UU. animó a los concursantes en San Antonio de los Baños. Desde que ascendió a la jefatura del imperio, y aún antes, se convirtió en el blanco predilecto de los dibujantes de mundo y medio.

Una de las más sonadas demostraciones aconteció en la República Islámica de Irán, nación demonizada por la administración norteamericana. En 2017 artistas de 74 países, incluyendo a Estados Unidos, remitieron obras al certamen, auspiciado en Teherán por la Sociedad Iraní de Bellas Artes. El tema propuesto por los organizadores fue el “trumpismo”.

Acerca de tener al presunto emperador como centro del dibujo humorístico, el multilaureado artista cubano Arístides Hernández (Ares) ha dicho con sorna: “He pensado que Trump no es bueno para el humor gráfico, ya que a menudo el personaje supera su propia caricatura. Uno hace la caricatura y al otro día el propio presidente hace un chiste peor”.

A todas estas, el personaje no tiene sentido del humor. Aspera ha sido su reacción desde que el programa de la NBC, Saturday Night Live, lo ha puesto en la mirilla, en estampas protagonizadas por los populares actores Alec Baldwin (parodiando al presidente), Robert de Niro y Ben Stiller.

El domingo 17 de marzo, pocas horas después de la emisión del espacio, tuiteó amenazante y despechado: “Es realmente increíble que programas como Saturday Night Live, no divertidos / sin talento, puedan pasar todo el tiempo golpeando a la misma persona (yo), una y otra vez, sin una mención tan amplia de ‘el otro lado’”. Y añadió: ¿Debería la Comisión Federal de Elecciones y/o la FCC (órgano encargado de las comunicaciones) estudiar esto? ¡Debe haber confabulación con los demócratas y, por supuesto, Rusia! Una cobertura mediática de un solo lado, en su mayoría Fake News. Es difícil de creer que gané y estoy ganando. Calificación de aprobación 52%, 93% con los republicanos. ¡Lo siento!”

Por esos días, una editorialista del diario USA Today publicó un comentario titulado “Donald Trump no tiene perro ni sentido del humor. Los presidentes necesitan ambos”. Luego de exponer cómo por primera vez un mandatario en la Casa Blanca prescindía de una mascota canina, abordó el tema: “En cuanto al sentido del humor, incluso con un guión, un escenario y la ocasión perfecta, Trump aún puede desestabilizarse. Tuvo una oportunidad en marzo pasado en la cena Gridiron de Washington, una reunión anual que reúne a periodistas y políticos para un asado. Tuvo un comienzo fuerte: ‘Mi personal estaba preocupado por ir a esta cena pues no podía hacer el humor autocrítico. Les dije que no se preocuparan. Nadie hace el humor autocrítico mejor que yo’”.

A Ares le asiste la razón. Como chistoso el magnate es pésimo. Más sucede que con él se pasa del humor al horror en nada. Y el horror se traduce en repulsa e indignación.

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