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Opinión

Un presidente en la cama

“El de La Hortúa es un proyecto en el que Petro se había empeñado desde cuando era alcalde de Bogotá, pero en ese momento la presidencia de la República no acompañó su empeño y fracasó”. 

Un presidente en la cama
Un presidente en la cama

A ningún periodista chismoso le debe importar qué hago yo en la cama. Hago cosas muuuy buenas en la cama. Y pienso. Y nadie se olvidará de mí porque seré inolvidable ahí. Alguien lo contará. Yo no lo cuento”. “A Jesucristo yo no lo llamo Jesucristo porque ese es un nombre griego y ahí comenzaron a tirarse (cambiar su esencia) a Jesucristo porque lo volvieron poder, rey, y nunca lo fue, fue revolucionario y por eso lo mataron…

Y yo creo que Jesucristo hizo el amor, a lo mejor con María Magdalena y murió ro deado de las mujeres que lo ama ban”. Fueron afirmaciones del presidente Gustavo Petro en discursos de esta última semana con los que anunció la asignación de un sala rio mínimo a los soldados y a los médicos que ejercen como internos en proceso de especialización (hasta ese momento sin recibir nin guna remuneración por su trabajo) y en la entrega del proyecto financiado juntamente con la alcaldía de Bogotá para revivir el Hospital San Juan de Dios, más conoci do como La Hortúa, un gran hospital público en donde ejercieron los más destacados médicos del país y se formaron generaciones enteras de médicos ilustres, que absurda mente estaba abandonado.

El de La Hortúa es un proyecto en el que Petro se había empeñado desde cuando era alcalde de Bogotá, pero en ese momento la presidencia de la República no acompañó su empeño y fracasó. Este es un gran logro que desafortunadamente ha queda do opacado ante la opinión pública por sus afirmaciones en esos deshilvanados discursos. Una de las más notables por desafortunada, fue la de mención a su intimidad, com pletamente fuera de lugar.

Divagó el presidente sobre sus días felices en Varadero, dijo que allí conoció la casa de Al Capone, que Miami nunca será más bella que La Habana; saltó luego a cómo le sacó las garrapatas a su perro, de las mujeres que les ponen a sus hijos el nombre de Bryan y que estos, los Bryan de los barrios pobres, embarazan a las mujeres y las dejan “dañadas”, que los árabes sí saben de eso porque no pueden tener más mujeres que las que puedan mantener en bue nas situaciones económicas. Saltó de allí a la fantasía de la supuesta existencia de un túnel que atravie sa buena parte de Bogotá del que nadie más tiene noticias ni ha aparecido en las excavaciones para el Metro; afirmó que los celulares no se los roban delincuentes ni ban das criminales sino los muchachos que quieren regalárselos a sus no vias, adictas a las redes.

Y, en momentos en que está preparando su reunión con el presidente Donald Trump, no tiene mejor ocurren cia que decir que este es igualito a Nicolás Maduro porque ambos no piensan más que en el petróleo, dijo que éste está secuestrado y deben devolverlo para que sea juzgado en Venezuela.

Y, acto seguido, anun ció que su bandera es la de la gue rra a muerte “no porque matemos sino porque nos hacemos matar y Trump debe saberlo: es libertad o muerte”. Mencionó que le quita ron la visa de Estados Unidos y que ahora se la quieren devolver, pero con displicencia hace ver que no le importa y que el 3 de febrero -día de su concertada cita con Trump- será un día muy importante no solo para él sino para la humanidad.

Afirma que los colombianos que van a Estados Unidos son tratados como esclavos. Que Trump y él están en las antípodas en casi todos los temas políticos es más que conoci do, y Petro tiene razón en la mayo ría de los temas a ese respecto, pero las relaciones entre Estados tienen unas formas y un lenguaje defi ni dos en usos y protocolos cuya vio lación llega a considerarse declara ción inamistosa, algo de lo que con razón se tilda a Trump.

Pero luego de que el embajador colombiano en Washington logró concertar entre ambos presidentes la cita que sir vió para bajarle el tono al enfrenta miento que se veía inminente entre los dos presidentes, el lenguaje de Petro deja la impresión de que pa reciera que, conociendo la impulsi vidad del estadounidense, estuviera buscando que este dé por cancelado el encuentro.

Eso sí, le hizo la conce sión a Trump de aceptar que Naciones Unidas no sirve para nada. Que lo que se impone es la hermandad humana, lo cual suena muy bien, pero no esboza siquiera cómo se constituiría ni de qué manera po dría tener fuerza coercitiva. Con to dos sus defectos y debilidades, el sistema internacional de Naciones Unidas es el depositario del Acuer do de Paz con que se desmovilizó la guerrilla de las FARC, y muchos de los éxitos de las organizaciones sociales y nuestro estado de dere cho tienen bastante que agradecer a agencias de sus organismos de De rechos Humanos.

El Petro que ha bíamos conocido como tribuno en la plaza pública cada día se desdi buja más en intervenciones públicas en las que sin solución de con tinuidad salta inconexamente de un tema a otro, crea problemas fácil mente evitables como el que se ha armado con las iglesias que consi deran un insulto sus menciones a Jesucristo y lo retratan como un presidente que no tiene una men te ordenada, que no prepara sus in tervenciones, que asume a la ligera y sin refl exión ni delicadeza temas tan sensibles como la mención su perfi cial y sin venir al caso, ante el alcalde de Bogotá, del asesina to de su padre, el candidato presi dencial del liberalismo Luis Car los Galán en el 1989.

La emoción y aún la exaltación en los discur sos es bienvenida; el verbo encen dido y el lenguaje coloquial es de buen recibo y constituye uno de sus fuertes, pero eso no puede ser sinó nimo de ausencia de preparación, de método, de ilación. El análisis ponderado es la base de propues tas acertadas, la emoción debe es tar acompañada de la razón.