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Opinión

Todo es Personal en Yucatán

NO HAY MAL que dure cien años y Rogerio Castro lo supo a la mala. El que se hizo llamar con soberbia “el intocable”, por su cercanía con la propia Ariadna Montiel, secretaria del Bienestar del Gobierno federal, presentó su renuncia al puesto que, según él y sus ingenuos seguidores, le serviría para proyectarse “a la grande estatal”.

Se dice que lo de Castro Vázquez es un capricho, fiel a su estilo de amago permanente con sus superiores, quienes durante el sexenio pasado le toleraron cuanto exceso le valió el cargo nacional que ostentó en el Infonavit, desde donde presuntamente construyó un patrimonio y fortuna cuyo origen es sumamente dudoso, dado que sus ingresos como servidor público no le habrían alcanzado para detentar los bienes que hoy muestra sin el menor pudor ni recato.

Capricho o no, su renuncia a la delegación del Bienestar en Yucatán, sin explicación política alguna, representa el deseo de muchos que, en silencio, esperaban ver al quintanarroense bajo un proceso penal por peculado y enriquecimiento ilícito, en el que participaron varios personajes que bien ameritarían una investigación de la Unidad de Inteligencia Financiera y del propio Servicio de Administración Tributaria, indispensablemente minuciosa, para encontrar la serie de irregularidades que rodean sus exitosas carreras en el Gobierno.

Según se supo, Rogerio no quería aparecer públicamente ni emitir posicionamiento alguno sobre su salida. Tampoco, aseguran, se habría presentado ante la estructura ni acudido al llamado de la Secretaría para entregar formalmente la dependencia a quien hoy funge como delegado interino.

Puertas adentro, algunos lo describen como inconformidad; otros, más directos, lo llaman berrinche. Pero en todos los casos la lectura coincide: la forma en que se dio la salida confirma que el rompimiento no fue precisamente voluntario ni cordial, por más que la versión oficial haya intentado ponerle moño administrativo al movimiento.

Al final se dio el mensaje tardío del exdelegado del Bienestar, Rogerio Castro. Según versiones recogidas en distintos frentes, tras múltiples llamadas de actores políticos que le habrían insistido en fijar postura, finalmente publicó el jueves un comunicado de despedida.

El texto -dicen quienes lo revisaron con lupa- fue deliberadamente ambiguo: habló de salida “de común acuerdo”, evitó detallar motivos y no ofreció contexto sobre las causas del relevo. La lectura en corto dentro de los corrillos partidistas es que el mensaje buscó contener la narrativa de cese y bajar la presión mediática. Sin embargo, en la interpretación de pasillo, la forma y el timing reforzaron la percepción de que la decisión ya estaba tomada desde arriba y que el margen de maniobra era nulo. Más aún, varias voces internas sostienen que el desgaste no se limitaba a la delegación, sino que su interlocución dentro de Morena venía severamente erosionada. En política, cuando la despedida explica poco, suele confirmar mucho.

LA ALIANZA QUE sorprendió a propios y extraños, la que tejieron Rommel Pacheco y el propio Rogerio Castro, no fue producto del azar ni de la casualidad política. Se comenta que quien operó y articuló ese acercamiento fue Guillermo Cortés, quien fuera administrativo de Rogerio en el Infonavit y secretario de Planeación con Rolando Zapata. Cortés es señalado como el operador que movió los hilos con habilidad quirúrgica en un momento en que las alianzas parecían estratégicamente convenientes.

La lógica era simple: sumar estructuras, mezclar capital político con posicionamiento mediático y construir una plataforma de mutua conveniencia. Los pragmatismos suelen imponerse sobre las diferencias de origen. Pero el tablero cambió.

Hoy, con Rogerio atravesando una etapa complicada y perdiendo refl ectores -lo que en el argot político se traduce como “caer en desgracia”-, la ecuación ya no luce tan rentable.

Y según versiones que circulan en voz baja, Rommel estaría haciendo una revisión interna de aquella decisión, entendiendo que las fotografías pesan… y las compañías también. Porque una cosa es construir alianzas cuando el viento sopla a favor y otra muy distinta es sostenerlas cuando el clima se vuelve adverso.

No hay amistades eternas ni enemistades permanentes; hay momentos. Y algunos, simplemente, caducan. ¿Qué puede aportarle a Rommel Pacheco, una fi gura en ascenso, una alianza con quienes están vinculados al probable enriquecimiento ilícito desde el dinero público?

LA RENUNCIA EN días recientes de Sergio Chan Lugo, director de Obras Públicas del Ayuntamiento de Mérida, ha detonado una serie de trascendidos de diversa índole, muchos de ellos alejados de la realidad. Algunas versiones apuntan a que buscaría posicionarse rumbo a un cargo de elección popular en 2027; sin embargo, quienes conocen la situación interna consideran ese escenario inviable por múltiples razones.

Chan Lugo renunció previamente a su lugar en el Consejo Estatal del PAN y a otros espacios de deliberación partidista, derivado de profundas diferencias con la dirección que ha tomado el partido bajo el liderazgo de su presidente, el diputado Álvaro Cetina Puerto, y del coordinador de los diputados locales, Roger Torres Peniche.

“Dicen” que el exfuncionario recibió a fi nales de 2024 una invitación para incorporarse a la administración pública estatal, derivado de los buenos resultados obtenidos en su gestión, además de que mantiene una excelente relación con diversos actores bien posicionados del gremio de la construcción. Todo apunta a que su futuro inmediato estaría más cerca de una incursión en la iniciativa privada que de los linderos político-electorales.

Y PARA CERRAR el ciclo de movimientos y salidas de una semana particularmente agitada, aparece otro caso que ha generado conversación en el ámbito de Cultur: la renuncia de Aylin Alcántara, responsable del área de cines del Siglo XXI. En algunos espacios se intentó posicionar la versión de que habría sido separada del cargo por la nueva dirección; sin embargo, de acuerdo con versiones recabadas por esta columna, la historia habría ocurrido en sentido inverso.

Según fuentes internas, no existió -hasta donde se comenta- una solicitud formal de salida ni por parte de la administración anterior ni de la actual. Por el contrario, la decisión habría sido personal y con un objetivo muy específico: dedicarse de tiempo completo a su carrera como influencer. El dato que más sorprendió es que el miércoles 11 de febrero se llevó a cabo una reunión con el director general de Cultura, Luis Pérez Sabido, y con la directora de Comercialización, en la que -según testigos- se le habría pedido expresamente reconsiderar su renuncia y permanecer en el cargo. Incluso fue vista ingresando a esas oficinas ese mismo día.

La escena dejó a varios desconcertados: mientras hacia afuera circulaba la versión de un despido, hacia adentro -según estas versiones- se intentaba retenerla. Señales cruzadas que confirman que el rumor casi nunca coincide con la primera versión pública.

DOS COLEGIOS DE profesionistas vivieron recientemente la renovación de sus directivas y hay datos que, por decir lo menos, resultan anecdóticos. El Colegio de Abogados de Yucatán será encabezado durante este bienio por el magistrado en retiro Jorge Rivero Evia, lo que ha implicado un arribo importante de nuevas afiliaciones del gremio de la abogacía, por invitación de su nuevo presidente, y cuya toma de protesta contó con la presencia de destacados representantes de los tres órdenes de Gobierno.

Dato no menor: mientras Rivero Evia fue un acérrimo crítico de la reforma judicial de 2024, logró que el oficialismo le otorgara la unción correspondiente a su ceremonia inaugural, con la presencia de la magistrada presidenta del Tribunal Superior de Justicia, Erika Torres López, y de la magistrada Sara Estrella León, presidenta del Tribunal de Disciplina Judicial (ambas emanadas de dicha reforma).

Por otro lado, la Barra Mexicana de Abogados realizó una transición deslucida y encabezada por una persona prácticamente desconocida para el gremio de la abogacía: el profesor universitario Mario Cardeña Lara, cuya elección se dio a puerta cerrada. Y pese a comentarios que apuntaban a que ese colegio se estaba consolidando, en los últimos años se ha limitado a realizar afiliaciones casi exclusivamente entre abogados egresados de la Universidad Autónoma de Yucatán.

Dato curioso: Rivero Evia fue integrante de este último colegio, del cual se separó años después, precisamente por el trascendido de que nunca existió una verdadera intención de considerar perfiles ajenos al claustro académico de la UADY.

QUIÉN VOLVIÓ A cometer una chapuza en sus redes sociales fue Irving Berlín Villafaña, al compartir una publicación del excandidato naranja Rodrigo Vázquez Parada, quien cuestionó la remodelación de un banco sobre la avenida Paseo de Montejo, con un estilo posmoderno que contrasta con los edificios de corte colonial y de la época del Porfiriato.

El exdirector de Cultura renancista se preguntó en su red social de Facebook quién habría autorizado esa obra, a la que calificó como una “aberración”, ignorando -según datos obtenidos por esta columna- que la autorización de la licencia de construcción fue otorgada por la administración del exalcalde Renán Barrera Concha el 31 de julio de 2024. Por si fuera poco, dicha autorización contó con el aval del INAH, según refiere un oficio con fecha del 28 de marzo de 2023.

PORQUE TUS MÁSCARAS ocultan tus rencores, en Carnaval todo es personal.