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Opinión

Rescatar la democracia

“Apreciado en su conjunto, la complejidad del proceso que incluye a varios países, incluso a Cuba, aconseja prudencia, apoyo y solidaridad”.

Rescatar la democracia
Rescatar la democracia

La función de los estados y los gobiernos es esforzarse por el bien común y proveer la mayor suma de felicidad posible, asegurar la paz social y crear condiciones para el progreso y, en consonancia con la Constitución de cada país, asegurar que la soberanía popular se exprese mediante elecciones libres con voto secreto.

En el marco de las leyes, y con sentido del momento histórico, interactuar con la oposición responsable y, cumplidos los períodos para los cuales fue electo, asegurar la alternancia. Con luces y sombras, asumida como proceso que transcurre mediante avances, retrocesos, períodos de estabilidad y otros de efervescencia, como en zigzag, la democracia, principal categoría de la política y de la convivencia social es, en Occidente el bien colectivo más preciado.

Sus contrarios son la dictadura, la autocracia y el autoritarismo. Paradójicamente, el mayor atentado a la democracia provino precisamente de Europa cuando, desde Alemania e Italia, el fascismo, al que se sumaron Japón y países satélites como Bulgaria, Hungría, Rumania, Eslovaquia, Croacia y el gobierno colaboracionista de Francia, con inaudita violencia y crueldad, cargaron contra los valores esenciales de la convivencia humana.

Finalmente, el fascismo fue derrotado por una magnífica alianza encabezada por Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y China que, democráticamente crearon las condiciones para tras, la guerra asegurar la convivencia internacional y terminar con el colonialismo. Tras la fatídica ocupación nazi, en Europa se realizó la reconstrucción que fue un proceso dual. Para los países occidentales ocupados por los nazis (Francia, Italia, Noruega, Austria, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Suecia, Finlandia y Grecia), consistió en el restablecimiento de las estructuras y las prácticas políticas basadas en la democracia liberal de antes de la guerra.

Entre tanto, para varios países de Europa Oriental, (Bulgaria, Rumania, Hungría, Polonia, Albania, Yugoslavia y Checoslovaquia), se añadieron las complicaciones políticas de la alianza con la Unión Soviética, que los sumó a su proyecto de orden social basado en premisas económicas, políticas, ideológicas, sociales y culturales, aunque legítimas, distintas a los preceptos liberales. Unos 40 años después, aquellos pueblos, unos 26 estados surgidos de la disolución  de la URSS, Yugoslavia y Checoslovaquia y la reunificación de Alemania, renunciaron a la propuesta soviética y, en paz eligieron otros caminos.

Se trató de un ejercicio internacional de democracia. Para España, Portugal y Grecia, la derrota del fascismo no significó el retorno automático o el acceso a la democracia, sino la supervivencia de las dictaduras de Antonio de Oliveira Salazar, en Portugal, la más longeva de Europa -que se prolongó por 42 años (1932-1974)- y la del caudillo español Francisco Franco, desde el 1939 hasta el 1975. Mientras en unos y otros campos, en la posguerra, los pueblos europeos, aunque atrapados por la contradicción Este-Oeste y por la Guerra Fría, con resultados variables en uno y otro bandos, se empeñaban en la reconstrucción de sus países, incluidos los sistemas políticos con acentos más o menos democráticos, en América Latina donde la Segunda Guerra Mundial no tuvo impactó, en lugar del florecimiento de la democracia ocurrió lo contrario.

Probablemente la confrontación Este-Oeste, haya tenido repercusiones más profundas en América Latina que la propia Guerra Mundial, no sólo debido a la evolución política de Cuba a partir de los años 60, sino al auge de movimientos políticos de diferentes facturas, incluso armados, enfrentados por las oligarquías y el imperialismo que respondieron con violencia y ensañamientos extremos, cometidos para los cuales la dictadura y la represión fueron instrumentos socorridos.

Después de derrotado el fascismo, cuando en todo el mundo se abrió un período propicio para el auge de la democracia, En América Latina, llegaron al poder una recua de dictadores que ilegítimamente, ellos y sus sucesores, gobernaron largos periodos: Fulgencio Batista, en Cuba (1952-1959); Alfredo Stroessner, en Paraguay (1954-1989); Humberto Castelo Branco, en Brasil (1964-1982); Hugo Banzer, en Bolivia (1971-1984); Juan María Bordaberry, en Uruguay (1973-1985); Augusto Pinochet, en Chile (1973-1990),  y Jorge Rafael Videla, en Argentina (1976-1983). En las crónicas de la época se describe tanto el apoyo político, financiero y militar de Estados Unidos que alentó y/o respaldó y toleró el establecimiento de dictaduras en la segunda mitad del siglo XX, cosa realizada al amparo de la Doctrina de Seguridad Nacional. Esa política estimuló la violencia y la represión.

También hubo esfuerzos como la Alianza para el Progreso del presidente John F. Kennedy de enrumbar los procesos políticos por otros caminos. Durante décadas, las vanguardias políticas, elementos nacionalistas y progresistas, mediante distintas formas de lucha, aportando enormes cuotas de sacrificio, de lo cual son ejemplos los luchadores de Chile, Argentina, Paraguay y decenas de otros países, a partir de diferentes modalidades no todas perfectas, como también ocurrió en Portugal, España y Grecia, recuperaron la democracia que volvió a expresarse de modo diverso, sufrido e imperfecto de lo cual ofrecen evidencias los procesos políticos de los países mencionados y la derechización de que somos testigos.

En cualquier caso, a veces con giros inauditos como el que tiene lugar en Venezuela -donde parece establecerse una provisionalidad política con soberanía y democracia cooptada impuesta por las armas-, pudiera establecerse una nueva calidad política. Aunque la historia aconseja no confiar en el imperialismo, la madurez del pueblo y las estructuras políticas venezolanas, ofrece perspectivas. Ojalá se trate de una innovación.

Apreciado en su conjunto, la complejidad del proceso que incluye a varios países, incluso a Cuba, aconseja prudencia, apoyo y solidaridad. Aunque las condiciones son en extremo difíciles, prometo mantenerlos al tanto. Para apoyar a los que luchan, y luchar uno mismo por la libertad, ninguna voz es débil. Con humildad, mesura, sentido del momento histórico y constancia, por el camino de su fundador, el diario ¡POR ESTO! continuará siendo una tribuna.