Con 246 suicidios reportados en el 2025, Quintana Roo se colocó en el cuarto lugar nacional, de acuerdo con datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaría de Salud federal.
En el marco del 13 de enero, Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, la entidad enfrenta una realidad alarmante que trasciende discursos oficiales y cifras nacionales. Los registros muestran un salto de 9.3 a 13.2 suicidios por cada 100 mil habitantes, incremento que evidencia el deterioro de la salud mental en el estado, señaló la psicóloga Itzel Romero Muñoz.
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Refirió que con esta tasa, Quintana Roo sólo se ubica por debajo de Chihuahua, con 16.4; Yucatán, con 16.2, y Aguascalientes, con 14.3, y advirtió que se trata de un fenómeno sostenido y multifactorial, no aislado ni coyuntural.
“Las cifras reflejan una situación que exige mayor atención institucional y estrategias preventivas reales, no sólo reactivas”, expresó la especialista, al subrayar que ciudades turísticas como Cancún, Playa del Carmen y Tulum concentran la mayoría de los casos, aunque la problemática también se extiende a municipios de la zona maya, donde el acceso a servicios de salud mental resulta aún más limitado.
Así, el suicidio se ha convertido en uno de los principales problemas de salud pública en Quintana Roo.
El caso más reciente ocurrió el 27 de diciembre de 2025, cuando la Fiscalía General del Estado informó el hallazgo sin vida de Nataly Montserrat N., en la zona de Jardines del Sur, en Cancún, tras haber sido reportada como desaparecida desde el 25 de diciembre; las líneas de investigación apuntaron a un posible suicidio.
Las estadísticas del Gobierno federal indican que la tendencia resulta clara y preocupante. En el 2024 se registraron 228 suicidios en Quintana Roo, un incremento del 20 por ciento respecto a 2023, cuando se documentaron 183 muertes.
El aumento no es reciente: en 2020 se contabilizaron 176 suicidios; en 2021, 179; en 2022, 181; en 2023, 183, hasta escalar de manera abrupta en los últimos dos años.
Los datos oficiales revelan que la problemática se concentra principalmente en jóvenes de 15 a 29 años y en adultos de 30 a 44 años, con una marcada predominancia masculina, ya que ocho de cada 10 casos corresponden a hombres.
Factores como la ausencia de redes de apoyo, condiciones laborales extremas, migración constante, presión económica y desarraigo social, especialmente en zonas turísticas, así como adicciones, principalmente alcoholismo y, en menor medida, de drogas, inciden de manera directa, aunque el fenómeno no se limita a una sola condición socioeconómica.
En cuanto a los métodos, el 85.2 por ciento de los suicidios ocurrieron por ahorcamiento, estrangulamiento o sofocación.
El uso de armas de fuego representó el 5.6 por ciento, con mayor incidencia en adultos mayores, mientras que el envenenamiento alcanzó el 5.1 por ciento, principalmente en personas de 45 a 74 años.
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También se observaron diferencias según el estado civil: 51.6 por ciento de las víctimas eran solteras, 41.8 por ciento vivían en unión libre o matrimonio y solo 6.6 por ciento correspondían a personas divorciadas, separadas o viudas.
Por su parte, el terapeuta Roberto Campos sostuvo que la atención psicológica continúa siendo insuficiente, tanto en el sistema público como en el privado, y que la falta de detección oportuna mantiene a muchas personas en tratamiento tardío o sin acompañamiento familiar.
“En el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, Quintana Roo no sólo enfrenta cifras: enfrenta vidas truncadas, familias fracturadas y una deuda institucional pendiente”, manifestó y agregó que el aumento constante de suicidios “obliga a replantear la política pública de salud mental, fortalecer la prevención y garantizar atención accesible antes de que el silencio vuelva a cobrar otra vida”.