Los atropellamientos y ataques de perros contra tlacuaches en Puerto Morelos encendieron la alerta entre rescatistas de fauna silvestre, luego de que un nuevo ejemplar, con lesiones superficiales, fuera ingresado a un refugio especializado tras ser atacado por un can.
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El animal permanece bajo observación, con alimento y resguardo térmico, para determinar si requiere atención hospitalaria o si podrá ser reintegrado a su hábitat natural en los próximos días.
De acuerdo con integrantes del refugio Tlacuatitlán – Lugar de Tlacuaches, ubicado en la Ruta de los Cenotes, en Puerto Morelos, este tipo de agresiones, junto con los atropellamientos, representan una de las principales amenazas para la especie en la región.
La situación motivó un llamado urgente a la población y a activistas para fomentar una convivencia responsable y reducir la violencia hacia estos marsupiales.
Eugenia Poblete, vicepresidenta del proyecto, advirtió que los tlacuaches continúan siendo víctimas de estigmas y creencias erróneas que derivan en agresiones directas.
Señaló que uno de los mitos más extendidos es que transmiten rabia, lo cual es falso, pero provocó la muerte de millones de ejemplares a lo largo del tiempo.
Poblete explicó que Tlacuatitlán surgió hace más de 15 años como un esfuerzo de rescate de animales domésticos, pero con el tiempo sus fundadoras identificaron la necesidad de proteger fauna silvestre, particularmente a los tlacuaches. Desde 2013 comenzaron a enfocarse en su atención, consolidándose formalmente como fundación en 2018 con un espacio propio en la selva.
Actualmente, el refugio destina el 95% de su infraestructura y manejo a esta especie y mantiene de forma permanente entre 45 y 60 ejemplares que no pueden regresar a la vida silvestre debido a lesiones graves.
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Durante la temporada de reproducción, entre febrero y septiembre, el número de ingresos aumenta considerablemente, llegando a recibir decenas de crías y adultos en un solo día, en su mayoría consecuencia de atropellamientos o ataques.
La rescatista subrayó que la mayoría de los ejemplares lesionados son hembras en etapa reproductiva, lo que agrava el impacto, ya que su muerte deja crías huérfanas que requieren cuidados especializados.
Añadió que el refugio opera sin financiamiento gubernamental y se sostiene mediante aportaciones propias, donativos y actividades comunitarias.