Quintana Roo / Cancún

Mercados tradicionales de Cancún se vacían: “Chetumalito” y “Felipe Carrillo Puerto” tienen la mayoría de locales cerrados

El costo de los permisos municipales y las extorsiones son las principales causas del cierre de locales.

Algunos vendedores abandonaron la actividad por miedo a la delincuencia organizada
Algunos vendedores abandonaron la actividad por miedo a la delincuencia organizada / Liza Vera

Los mercados tradicionales de la ciudad atraviesan una de sus etapas más críticas: en el “Chetumalito” en la Región 63, de 65 locales existentes, alrededor de 45 han cerrado; mientras que en el “Felipe Carrillo Puerto”, ubicado en la Supermanzana 94, de 90 espacios que llegó a albergar, solo unos 40 continúan abiertos. Un recorrido por ambos centros de abasto evidencia abandono, cortinas metálicas abajo y una actividad comercial que apenas resiste entre la inseguridad, los altos costos y la pérdida de clientela.

En el mercado “Chetumalito” se observan cortinas metálicas cerradas, oxidadas y en algunos casos cubiertas de grafitis. Los pasillos, que hace años concentraban el bullicio de compradores y vendedores, hoy tienen grietas, basura acumulada y una imagen de deterioro que desalienta la llegada de clientes.

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Locatarios consultados señalaron que el cierre masivo de negocios no ocurrió de un día para otro. La situación, explicaron, se agravó tras la pandemia, cuando la presencia constante de personas en situación de calle o bajo los efectos del alcohol comenzó a ser más visible. Actualmente, varios accesos y pasillos del mercado son ocupados por individuos que pernoctan en el lugar, improvisando colchones, cobijas y hamacas.

“Empezaron a cerrar algunos locales, después otros más porque ya no venía la gente”, comentó un comerciante con más de dos décadas en el sitio. Aseguran que han reportado en repetidas ocasiones la problemática a las autoridades; aunque las patrullas acuden esporádicamente y retiran a las personas, al poco tiempo regresan, generando un ambiente de incertidumbre y hostigamiento constante.

La gente deja de acudir cuando comienza a ver tiendas que no abren / Liza Vera

Vecinos del parque “Chetumalito” confirmaron que la zona se ha convertido en refugio de personas en situación de calle, lo que afirmaron ha derivado en robos, vandalismo y acumulación de basura. Señalaron consumo de alcohol y drogas, fogatas improvisadas para cocinar y condiciones insalubres por desechos y malos olores.

Pese a los oficios enviados a la Secretaría de Seguridad Pública para solicitar rondines permanentes, dicen no haber obtenido una respuesta efectiva. Las autoridades, según relataron, argumentaron limitaciones legales y falta de espacios de reubicación.

El panorama no es distinto en el mercado “Felipe Carrillo Puerto”. De los 90 locales que llegó a albergar, actualmente alrededor de 40 continúan operando, mientras que muchos espacios funcionan como bodegas o están completamente abandonados.

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Rosa Camacho, comerciante y pionera del lugar con 38 años al frente de su fonda, explicó que uno de los principales factores del cierre masivo son los costos de permisos municipales, que oscilan entre 18 mil y 20 mil pesos anuales. A esto se suman gastos por dictámenes de Protección Civil, Ecología, manejo de residuos y otros trámites. “La carga económica es muy alta; muchos ya no pudieron sostenerla”, afirmó.

Además del impacto financiero, los locatarios denuncian inseguridad y casos de extorsión. “Hace un tiempo un vendedor tuvo que cerrar porque fue extorsionado”, relató Camacho. Aunque a ella no le ha ocurrido directamente, reconoce que el miedo ha sido determinante para que varios compañeros bajen definitivamente sus cortinas.

Desde su fundación en 1991, cuando los primeros locales fueron vendidos a comerciantes, el mercado vivió años de auge y crecimiento. Sin embargo, la proliferación de supermercados, fondas y tiendas en los alrededores redujo la afluencia de compradores y restó competitividad al comercio tradicional.

Pese a todo, quienes permanecen abiertos aseguran que continúan gracias a la fidelidad de clientes de antaño. “Sí es redituable, pero ya no como antes. Resistimos porque este es nuestro patrimonio”, expresó otro locatario.