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--Los padres de familia deben atender las inquietudes de sus hijos cuando son pequeños, incentivarlos y encaminarlos a hacer cosas que les gusten a fin de que descubran sus habilidades, su vocación artística, ayudarlos a encontrar su propio camino, expresa Anahí Echeverría Díaz, joven diseñadora gráfica.
Ella nació el 30 de mayo de 1990 en Mérida. Es hija de Martín Echeverría Velázquez, taxista, y de Maribel Díaz Aguilar, maestra. Tiene una hermana de nombre Elizabeth. Asegura que en su caso eso es exactamente lo que sucedió: sus padres, su hermana y un tío contribuyeron a consolidar su gusto por el dibujo y la pintura, que descubrió desde que tenía cuatro años de edad.
A los seis años ingresó al Centro Cultural del Niño Yucateco (Cecuny). Anahí había acompañado a su hermana para presentar una prueba y un maestro de ahí (Cajeme Resendi) se percató de sus habilidades para el dibujo y le recomendó a su mamá que la inscribiera. Un tío de Anahí, hermano de su madre, se dedicaba al dibujo publicitario y su abuelito materno también había trabajado en el departamento de publicidad de un periódico. En el Cecuny estudió canto, teatro, danza, música y artes plásticas.
--En esa época era muy tímida, todo lo contrario de lo que soy ahora, dice sonriente. En efecto, Anahí, que es menuda de cuerpo, no solo tiene facilidad de palabra, sino también chispa. Le brillan los ojos cuando habla de su profesión y de lo que ha logrado hasta ahora.
Dice que guarda gratos recuerdos del maestro Cajeme y también de Eunice, quien fue su maestra de canto en el Cecuny. A los 11 años entró en el Centro Estatal de Bellas Arte (Ceba). Le encantó estar allí por el ambiente de trabajo, además de las clases no eran "tan para niños, como en el Cecuny". Allí aprendió varias técnicas de dibujo y pintura.
--La maestra Gabriela Pacheco marcó mi vida, pues además de ser una excelente profesora tenía la habilidad de convencerte de que en realidad eras una artista, señala.
En el Ceba aprendió a dibujar con modelos, además de que salían de las aulas para dibujar plantas, personas; en suma, para aprender a observar el entorno.
--¿Conservas algo de lo que hiciste en aquella época?
--Sí, conservo algunos cuadros de gran formato, pero en realidad ahora no me gustan tanto como en un principio. Aunque fue una época muy bonita, estaba en la búsqueda de mi propio estilo y lo que quería expresar, responde.
Estuvo ahí unos cinco años y lo dejó cuando se dispuso a estudiar en la Prepara 1 de la UADY.
Durante sus estudios de preparatoria dejó de tomar clases relacionadas con el dibujo y la pintura, aunque en sus tiempos libres volvía a su antigua afición.
Luego entró a la Universidad Anáhuac Mayab, donde estudió diseño gráfico durante cuatro años.
--¿Qué es lo más importante que aprendiste allí?
--Que el diseño gráfico se puede aplicar a muchas cosas, como la ilustración de libros y revistas, empaques, etiquetas, artículos utilitarios, etc., y que se puede vivir de esta profesión.
Me cuenta que antes de estudiar diseño gráfico consideró la posibilidad de estudiar alguna de las carreras artísticas que se imparten en la ESAY, pero que pronto lo descartó.
Estudió en esa universidad gracias a una beca, porque su familia difícilmente podía pagar las colegiaturas. Dice que todo lo que había aprendido, tanto en el Cecuny como en el Ceba, le ayudó bastante.
--Cuando ingresé a la Unimayab me dije a mí misma: Estoy en el lugar correcto, esto es lo que quiero y voy a prepararme como se debe.
Egresó de la universidad en 2012 y desde entonces nunca le ha faltado trabajo.
--Soy una persona afortunada en ese sentido, pero creo que también se debe a que soy muy movida, todo el tiempo estoy ideando cosas para salir adelante, expresa.
Después de trabajar en una agencia de publicidad pequeña, ocupó una vacante en la Coordinación de comunicación institucional de la Unimayab. Trabajó ahí dos años. Su idea era estudiar una especialidad en el extranjero. Para ello ahorró todo lo que pudo y aplicó para varias becas. Le interesaba sobre todo obtener una sobre diseño de productos y superficies en el Instituto Europeo de Diseño, en su sede de Madrid, España. Hizo su solicitud a través de Fundación Carolina. Simultáneamente su novio, que es maestro de inglés, también aplicó para una beca fuera del país. Anahí no obtuvo lo que buscaba, pero su novio sí, en Londres.
--Entonces me fui a Londres con él. Durante seis meses estuvimos viajando, visitando estudios de diseño, tomaba clases de arte, conocí a varios ilustradores…
--¿Y qué aprendiste de esa experiencia?
--Básicamente que quería hacer lo mismo en México que lo que esas personas hacían en ese país. Ahí los ilustradores tienen más espacios, más apoyos, más oportunidades de trabajo. La gente valora más su trabajo.
Visitó museos en Inglaterra, Alemania, Francia, Bélgica, Escocia. Ella y su novio viajaban como mochileros, es decir, en camión, comían lo indispensable, llegaban a hostales económicos, todo con tal de que les rindiera el dinero. Estuvo en el Museo van Gogh, en Ámsterdam.
--¡No puedo creer estar aquí!, me decía a mí misma cuando estuve frente a las obras originales de este afamado pintor. Era como un sueño lejano que se había hecho realidad. Creo que esa experiencia me cambió la vida y cambió mi manera de pensar, de ver el mundo. No sé si fue para bien o para mal, porque ahora siempre tengo la inquietud de seguir viajando, conocer otros países y a otras personas, apunta.
Seis meses después de regresar de Europa se la pasó de “freelance” hasta que consiguió un puesto en la coordinación de comunicación institucional del Gobierno del Estado, donde estuvo dos años. Asegura que nunca tuvo la idea de quedarse allí toda su vida, de manera que ahora que vino el cambio de administración dejó el sitio.
Junto con otras amigas creó hace cuatro años una marca para vender productos utilitarios, hasta que decidió hacerlo sola.
Actualmente imparte talleres y clases en su estudio ubicado en la calle 108 Núm. 130 D por 47 B Fraccionamiento Las Américas Etapa II. También hace trabajos para personas y empresas y vende sus productos --tazas, libretas, calendarios, pines, bolsas, tarjetas, pegatinas, especieras y otros artículos de decoración-- en tiendas.
--Siento que aquí paulatinamente se abren espacios para los artistas gráficos, pero nosotros mismos tenemos que ver nuestra actividad como un trabajo formal, serio, para que los demás lo valoren y lo paguen. Lo que hacemos es un trabajo artístico y único.
--¿Y qué se necesita para ello?
--Enseñar a la gente. Yo lo hago a través de los talleres y cursos. Allí la gente no sólo aprende técnicas sino también procesos, con ello conocen todo lo que está detrás de una ilustración; de esta manera lo viven, lo valoran, se dan cuenta de que es una chambota. Los artistas debemos darnos nuestro lugar, no regalar nuestro trabajo, así estemos comenzando en nuestro oficio.
Anahí imparte sus talleres una vez al mes, y sus clases las da los martes y jueves en su estudio. Están dirigidos a niños, jóvenes y adultos. Los talleres cuestan $ 800.00, son intensivos y abarcan de seis a siete horas. Cobra $ 200.00 por sesión de clase de dos horas. Los interesados deben llevar sus materiales. Todos los comentarios de quienes han tomado talleres y cursos con ella son elogiosos y subrayan no sólo sus conocimientos sino también su personalidad amigable.
--La profesión está agarrando fuerza; gracias a las redes sociales la gente se entera de lo que hacemos. Tenemos más impacto entre las nuevas generaciones, pero nuestro objetivo es llegar a todas las generaciones.
--¿Quiénes compran tus productos?
--Principalmente jóvenes con algún poder adquisitivo.
--¿Por qué todas las figuras femeninas que pintas tienen los ojos cerrados?
--Es mi estilo, pero si te fijas sus rostros reflejan cierta placidez, están felices, aunque no les veas los ojos.
--Y además son bastante coquetas, le digo.
--Mi ilustración es muy infantil, pinto naturaleza, animales, seres fantásticos como sirenas. Casi nunca dibujo figuras masculinas.
--¿Algún resentimiento contra los hombres?
--¡Para nada!, responde risueña, pero me expreso mejor dibujando mujeres porque tienen más elementos para explotar gráficamente: su pelo, su rostro, su sonrisa, sus accesorios.
Anahí también hace retratos familiares o de parejas.
--Pero dejo muy claro que yo no soy caricaturista, sino que propongo una versión ilustrada de las fotografías que las personas me hacen llegar y también de lo que me cuentan sobre sus personalidades. Comencé en esto luego de que una amiga me pidió que la retratara junto con su novio. Los trabajos que he hecho en este sentido los usan en invitaciones de bodas, aniversarios, tarjetas de regalos. A pesar de que ahora casi todo es digital, hay cosas de papel que gustan a mucha gente y no creo que vayan a desaparecer jamás.
Anahí ha ilustrado varios libros. Me muestra uno que tiene a la mano: “Llegando a casa. Una historia de adopción”, con texto de Celia Martín; es una publicación con fines didácticos para enseñar a los niños cómo cuidar a sus mascotas (perros y gatos), auspiciado por Planned Pethood. Se le contacta en hola@anahiecheverria.com; facebook.com/anahiecheverriawork; instagram.com/anahi_echeverria; anahiecheverria.com; youtube.com/anahiecheverria; behance.net/anahiecheverria y en su tienda en línea: kichink.com/stores/ anahiecheverria.
--¿Tienen inquietudes sociales los diseñadores gráficos?
--Desde luego que sí, para ser creativo tienes que ser observador, tienes que estar pendiente de lo que pasa a tu alrededor, de lo bueno y de lo malo; a mí me interesa el medio ambiente; por eso trato de dar un mensaje positivo con lo que hago, me da oportunidad de animar a la gente, de transmitirle buena vibra. Los medios de comunicación, lo mismo que las redes sociales, están llenos de mensajes desoladores que te pueden arruinar el día o la vida si no buscas otras alternativas. Todos necesitamos mensajes positivos.
(Faulo M. Sánchez Novelo)