Disfrutar de un día en las playas públicas del destino -ese derecho constitucional que debería ser de todos- se ha convertido en un privilegio que cada vez menos familias locales pueden permitirse. Un sondeo realizado por POR ESTO! en arenales como Tortugas, Marlín y Delfines revela que una salida para una familia de cinco personas oscila entre 900 y 2 mil 500 pesos, un golpe directo al bolsillo de los cancunenses en medio de la inflación y el encarecimiento generalizado.
“Antes, íbamos casi todos los fines de semana. Ahora lo pensamos dos veces porque se nos va un dineral”, lamentó Jorge Rodríguez Arenas, padre de familia que trabaja en el centro de la ciudad.
“Entre la gasolina, la comida que llevamos de casa, las bebidas, la sombrilla y el camastro que rentamos, porque el sol quema demasiado, fácilmente se nos van mil 500 pesos. Y eso que tratamos ahorrar”, dijo.}
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Los costos se desglosan de manera implacable. La renta de sombrilla y dos camastros ronda los 400 pesos por el día. El estacionamiento en zonas cercanas o propinas a los cuidadores suman otros 50-100 pesos.
La gasolina para el traslado desde las colonias populares puede llegar a 600 pesos, mientras que alimentos y botanas fácilmente superan los mil pesos, si se compran en la zona.
“Llevamos comida hecha en casa, pero igual terminamos comprando aguas, refrescos y algo extra. Al final del día uno se pregunta si valió la pena”, dijo Pedro Juárez, otro padre consultado en Playa Marlín.
La inflación y el modelo turístico de Cancún golpean fuerte a los locales. Mientras los grandes hoteles y restaurantes suben precios para los visitantes, los residentes pagan las consecuencias: playas públicas saturadas, servicios caros y un destino que parece diseñado más para el turista de alto poder adquisitivo que para quien vive aquí.
“La playa es de todos por ley, pero en la práctica se volvió un lujo. Los que vivimos en Cancún estamos siendo desplazados de nuestros propios espacios”, reclamó Jessica Morales, madre de dos niños que acude regularmente a Playa Delfines.
“Los precios de todo subieron, pero los sueldos no. Muchos prefieren quedarse en casa o ir a cenotes más baratos porque ya no alcanza”, aseguró.
Vecinos de Supermanzanas como la 97, 98 y 99 coincidieron en que la salida a la playa, antes una actividad sencilla y económica, ahora requiere planificación financiera.
“Es triste ver que para que un turista se tome una foto con el mar turquesa, nosotros tengamos que sacrificar otras cosas en la casa”, agregó una vendedora ambulante que prefirió el anonimato.
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Las autoridades municipales presumen el éxito turístico, pero guardan silencio ante la exclusión que genera. Mientras tanto, las familias cancunenses exigen soluciones reales: más sombra pública gratuita, control de precios en rentas de mobiliario, estacionamiento accesible y una verdadera política de turismo inclusivo que no deje fuera a quienes construyeron esta ciudad.
Porque en Cancún el mar es azul para todos, pero cada vez más caro para los que viven aquí. La ciudadanía ya no quiere solo playas bonitas: quiere poder disfrutarlas sin que se convierta en un sacrificio económico mensual.