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Yucatán

Se regenera la vida marina en Celestún a un año de ser nombrado refugio pesquero

Pescadores e investigadores han documentado el repoblamiento de pepino de mar, langosta, pulpo y otras especies, además de la presencia de tortugas marinas.

Más de 50 arrecifes artificiales y una zona libre de pesca han permitido la regeneración del mar en Celestún
Más de 50 arrecifes artificiales y una zona libre de pesca han permitido la regeneración del mar en Celestún / Eapecial

Durante casi una década, el pepino de mar fue un recuerdo en el puerto de Celestún. La sobreexplotación y la pesca ilegal lo borraron del paisaje submarino y, con él, se fueron otras especies que durante años sostuvieron la economía local. Hoy, el escenario es distinto.

A un año de la instalación de arrecifes artificiales dentro de la Zona de Refugio Pesquero, la vida marina ha comenzado a regresar, confirmando que la protección del mar sí da resultados cuando se respeta.

Pescadores e investigadores han documentado el repoblamiento de pepino de mar, langosta, pulpo y otras especies, además de la presencia de tortugas marinas en un área que se mantiene vigilada y libre de depredación. “Son especies que ya no se veían”, relatan quienes han vivido del mar durante generaciones y que hoy observan señales claras de recuperación.

El presidente de la Zona del Refugio Pesquero de Celestún, José Novelo Chac, informó a POR ESTO! que está confirmado el repoblamiento de muchas especies del mar que ya no se veían por la zona, como el pepino de mar, que tenía casi una década sin ser observada en el puerto, luego de la depredación masiva que tuvo años atrás.

Novelo Chac confirmó que incluso especies de tortugas marinas son las que ya se observan en el área de mar que se encuentra protegida y custodiada.

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Por qué Celestún fue elegido

La zona protegida no se definió al azar. De acuerdo con Novelo Chac, Celestún fue seleccionada porque históricamente fue una de las áreas más ricas en vida marina, particularmente en pepino de mar. Precisamente esa abundancia la convirtió en blanco de una explotación intensiva que terminó por vaciar el fondo marino.

La creación del refugio respondió a la necesidad de detener la pérdida acelerada de especies, permitir su reproducción natural y generar un efecto de repoblamiento hacia las zonas aledañas. La colocación de más de 50 arrecifes artificiales ha sido clave: funcionan como refugio, área de alimentación y punto de reproducción para distintas especies, creando nuevamente un ecosistema funcional.

Del fondo marino a la conciencia social

El proyecto no se limita a estructuras bajo el mar. En Celestún, el refugio pesquero se sostiene también en un trabajo comunitario de concientización, donde pescadores, autoridades locales y líderes sociales y religiosos participan activamente para reforzar el mensaje de respeto a la zona protegida.

La apuesta es clara: si el refugio se mantiene libre de pesca, el repoblamiento natural permitirá que las especies se desplacen gradualmente fuera del polígono protegido, beneficiando al resto del litoral y mejorando las capturas a mediano y largo plazo. Para un municipio cuya economía depende del mar, el refugio representa una inversión de futuro.

Punto de partida de una estrategia estatal

La experiencia de Celestún marcó un antes y un después en la política pesquera de Yucatán. A partir de 2019, el modelo de zonas de refugio pesquero comenzó a replicarse en otros puntos del litoral, como respuesta al deterioro de los recursos marinos y a la caída sostenida de las capturas.

En los últimos años, se han decretado refugios en Dzilam de Bravo, San Felipe, El Cuyo, Chabihau y Telchac Puerto, además de El Cerrito, frente a Chuburná, conformando una red de seis zonas de protección marina distribuidas estratégicamente a lo largo de la costa yucateca. Cada una responde a problemáticas específicas, pero todas comparten un objetivo común: permitir la recuperación de especies clave como el pulpo, el mero, la langosta y el pepino de mar.

El contexto que obligó a proteger el mar

La expansión de estos santuarios no es casual. Datos oficiales y testimonios de pescadores han documentado caídas de hasta 70 por ciento en las capturas de pulpo en algunas regiones, así como una reducción significativa del mero y otras especies comerciales. La presión pesquera, sumada a la pesca ilegal y a prácticas no reguladas, encendió las alertas tanto en las comunidades como en las autoridades.

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Frente a este panorama, las zonas de refugio pesquero se han convertido en una herramienta clave de manejo sustentable, al establecer áreas donde la pesca se restringe total o parcialmente durante periodos prolongados, permitiendo que los ciclos reproductivos se completen sin intervención humana.

Un modelo que busca futuro, no sólo veda

Lejos de ser simples zonas de prohibición, los refugios pesqueros en Yucatán se conciben como santuarios de regeneración. La experiencia de Celestún demuestra que, cuando hay vigilancia, participación comunitaria y respeto a las reglas, el mar responde.

Hoy, el regreso del pepino de mar y de otras especies en Celestún no solo representa una victoria ambiental, sino también un mensaje claro para el resto del litoral yucateco: proteger el mar es la única vía para garantizar que la pesca siga siendo sustento de las comunidades costeras. En ese camino, los santuarios marinos se perfilan como la apuesta más sólida para reconciliar conservación y economía en Yucatán.