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Yucatán

Ambientalista documenta megaproyectos y alerta sobre su impacto en la Península de Yucatán

El ambientalista del sureste Miguel Guillermo Amador impulsa proyectos editoriales y científicos para proteger la Península de Yucatán.

La defensa del medio ambiente implica conocimiento y acciones directas, asegura un activista
La defensa del medio ambiente implica conocimiento y acciones directas, asegura un activista / Por Esto!

La defensa del medio ambiente no es una consigna ni una moda, sino una práctica constante que implica conocimiento, compromiso y acción directa, señaló Miguel Ángel Guillermo Amador, gestor ambiental y creador de contenido ambientalista del sureste mexicano, quien afirmó que ser activista se define en tres conceptos clave: territorio, buen vivir y compartir.

Guillermo Amador explicó que el territorio implica conocer a fondo el espacio que se habita y comprender su valor ecológico, social y cultural; el buen vivir se relaciona con una calidad de vida basada en la conciencia ambiental y la preservación de los ecosistemas; mientras que compartir representa la responsabilidad de transmitir ese conocimiento a las comunidades y promover la organización colectiva para el cuidado y la defensa de la tierra.

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Desde 2022, Miguel se ha dedicado a documentar el avance de megaproyectos en la Península de Yucatán y su impacto ambiental. No obstante, su participación en la defensa del territorio comenzó años atrás. A los 17 años —hace siete— formó parte de la aportación documental que derivó en la suspensión del proyecto hotelero del entonces Grupo Posadas, hoy Conrad de Hilton, en 2019, logró frenar su desarrollo hasta 2020.

Para este 2026, el ambientalista adelantó que trabaja en tres proyectos estratégicos. Señaló que su vínculo con la madre tierra surge de experiencias directas como la exploración de cuevas, el buceo y el contacto prolongado con ecosistemas frágiles, lo que le permitió comprender su complejidad y reforzar su compromiso con la protección ambiental.

El primero de estos proyectos es la creación de un libro colectivo, en colaboración con ambientalistas, artistas y escritores, que combine imágenes, información y mensajes claros sobre la defensa del entorno natural. El objetivo es visibilizar la experiencia de las comunidades que habitan estos territorios y su relación cotidiana con la naturaleza. De manera preliminar, el libro llevaría por título Sujuy Ja, que en lengua maya significa agua sagrada.

El programa contempla labores de aseo en playas y manglares, con sedes distribuidas en el litoral y una amplia convocatoria ciudadana.

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El segundo eje de trabajo es el fortalecimiento del contenido informativo y de educación ambiental a través de plataformas digitales. Miguel subrayó que es indispensable que la población conozca su territorio, pero también sus derechos, y entienda cómo las decisiones externas afectan directamente la tierra que habita y su forma de vida.

El tercer proyecto consiste en dar continuidad a reportajes ambientales de alto impacto, entre ellos el hallazgo de una posible nueva especie de cocodrilo en Cozumel y Banco Chinchorro. Detalló que esta especie aún no tiene nombre oficial, pero ya se observa desde un enfoque científico para su estudio y eventual protección.

A este trabajo se suman investigaciones sobre el descubrimiento de nuevas cuevas, realizadas en coordinación con colectivos del sureste mexicano como Cenotes Urbanos y Sálvame del Tren, reforzando una documentación ambiental con enfoque comunitario y colaborativo.

En el plano institucional, Miguel Ángel Guillermo Amador anunció que presentará dos peticiones públicas y abiertas a las autoridades: garantizar transparencia y certeza legal en los procesos que impactan al medio ambiente, y otorgar mayor visibilidad y continuidad a la labor ambiental mediante una comunicación abierta y permanente.

Sostuvo que la defensa ambiental puede y debe caminar dentro del marco legal, siempre que éste responda a la preservación de la madre tierra y no a intereses que vulneren los ecosistemas. Enfatizó que el trabajo de los ambientalistas no sólo protege el territorio, sino que también fortalece la conciencia colectiva, exige rendición de cuentas y devuelve a las comunidades su vínculo con el entorno natural.