Mientras los reportes oficiales muestran una contención temprana del dengue y la ausencia de brotes activos de leishmaniasis en las primeras semanas de 2026, el riesgo sanitario no ha desaparecido del mapa de Yucatán. En comunidades rurales, zonas selváticas y colonias que avanzan sobre el monte, las enfermedades tropicales desatendidas continúan presentes, impulsadas por el clima, la desigualdad social y los cambios acelerados en el uso del territorio.
En el marco del Día Mundial de estos padecimientos, la entidad enfrenta una paradoja: avances inéditos en prevención y ciencia, frente a amenazas que persisten en silencio y reaparecen cuando las condiciones se alinean.
Las llamadas enfermedades tropicales desatendidas (ETD) conforman un grupo de padecimientos infecciosos que afectan de manera desproporcionada a poblaciones con menor acceso a servicios básicos como agua potable, saneamiento y atención médica oportuna.
Aunque su impacto es profundo, suelen quedar fuera de la conversación pública, eclipsadas por emergencias más visibles. Sin embargo, en regiones como la Península de Yucatán, estas enfermedades forman parte de una realidad cotidiana que va más allá de las estadísticas.
Dengue: cifras a la baja, vigilancia al alza
El dengue sigue siendo la enfermedad tropical más conocida en la región. De acuerdo con los informes epidemiológicos más recientes, entre el 1 y el 19 de enero de 2026 se confirmaron 14 casos en toda la península: siete en Quintana Roo, cinco en Yucatán y dos en Campeche. Para las autoridades sanitarias, el dato representa una contención temprana si se compara con años previos, cuando el inicio del calendario coincidía con repuntes importantes.
Este comportamiento responde a una combinación de factores: campañas preventivas sostenidas, mayor participación comunitaria y operativos de control del mosquito Aedes aegypti, principal vector del virus. No obstante, los especialistas advierten que el dengue es cíclico y que la disminución temporal no equivale a erradicación.
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En Yucatán, el combate al dengue ha alcanzado una escala sin precedentes recientes. El gobierno estatal desplegó una estrategia de fumigación masiva que abarca más de 30 mil hectáreas en los 106 municipios, apoyada por más de 500 brigadistas y una flota vehicular renovada. Las acciones se ajustan diariamente con base en reportes técnicos y priorizan zonas con mayor riesgo epidemiológico.
A ello se suma la circulación simultánea de dos serotipos del virus: DENV-2 y DENV-4. El primero, asociado con mayor probabilidad de complicaciones graves, mantiene en alerta a los servicios de salud, especialmente en personas que ya tuvieron una infección previa. Aunque el DENV-4 suele generar cuadros menos severos, también puede provocar signos de alarma que requieren atención médica inmediata.
El riesgo que vuelve desde el monte
Pero a diferencia del dengue, de forma más silenciosa avanza la leishmaniasis. Durante las primeras semanas de 2026 no se confirmaron casos en la península, pero los antecedentes recientes obligan a mantener la vigilancia activa. Entre 2022 y 2023 se documentaron más de 400 casos, muchos de ellos vinculados a trabajadores que realizaron labores en zonas selváticas, particularmente durante proyectos de infraestructura de gran escala.
La leishmaniasis es una enfermedad parasitaria transmitida por la picadura de flebótomos, conocidos popularmente como “moscas de la arena” o “chicleros”. En su forma cutánea provoca lesiones profundas que tardan en cicatrizar; en su variante visceral, menos común, pero más grave, puede ser mortal si no se trata a tiempo.
En Yucatán, los servicios estatales de salud han reforzado la capacitación médica, el diagnóstico certificado a través del Laboratorio Estatal de Salud Pública y el abasto de medicamentos específicos. Aun así, la deforestación, la fragmentación del hábitat y la expansión de asentamientos humanos hacia zonas de monte mantienen activo el riesgo de reaparición.
Enfermedad que no da señales inmediatas
Otra de las ETD presentes en el estado es la enfermedad de Chagas, causada por el parásito Trypanosoma cruzi. En 2025 se registraron 48 casos en Yucatán, la mayoría en fase crónica. A diferencia del dengue o la leishmaniasis, el Chagas puede pasar desapercibido durante años antes de manifestarse con complicaciones cardíacas o digestivas graves.
La transmisión ocurre principalmente a través de chinches triatominos, aunque también puede darse por transfusiones sanguíneas, de madre a hijo o por alimentos contaminados. El tratamiento temprano es altamente efectivo, pero el diagnóstico tardío sigue siendo uno de los principales retos, especialmente en comunidades rurales donde el acceso a estudios especializados es limitado.
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Ciencia local frente a un problema global
En medio de este panorama, el estado ha comenzado a destacar por el impulso de soluciones científicas adaptadas a su contexto. Investigadores de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) han desarrollado estudios sobre la bacteria Wolbachia, capaz de reducir la capacidad del mosquito para transmitir virus como dengue, zika y chikungunya. La confirmación de su presencia natural en algunos vectores locales ha abierto la puerta a estrategias complementarias de control biológico.
Este enfoque, sumado a proyectos de investigación que analizan la ecología de los vectores y su relación con el entorno, posiciona a la entidad como un referente nacional en la aplicación de conocimiento científico para enfrentar problemas de salud pública históricamente desatendidos.
Más allá del insecto: desigualdad y territorio
Las enfermedades tropicales desatendidas no se explican solo por la presencia de mosquitos, chinches o moscas. Su persistencia está estrechamente ligada a condiciones estructurales: pobreza, hacinamiento, falta de agua potable, deficiencias en el saneamiento y educación sanitaria insuficiente. El cambio climático, con temperaturas más altas y patrones de lluvia irregulares, añade presión al sistema al favorecer la reproducción de vectores.
Aunque existen campañas de prevención, especialistas advierten que la resistencia de los insectos a ciertos químicos y la expansión urbana sin planeación sanitaria complican los esfuerzos de control. En colonias nuevas, fraccionamientos cercanos al monte y comunidades rurales, el riesgo se reconfigura constantemente.
Una deuda que sigue abierta
Las enfermedades tropicales desatendidas convierten la desigualdad en enfermedad y la enfermedad en exclusión. Son padecimientos prevenibles y tratables, pero persistentes donde las condiciones sociales y ambientales lo permiten.
En Yucatán, los avances en fumigación, vigilancia y ciencia local muestran que es posible contenerlas; sin embargo, el reto de fondo sigue siendo estructural.
Este 30 de enero, la conmemoración no solo recuerda a los padecimientos, sino a las personas que conviven con ellos: quienes viven en zonas de riesgo, quienes trabajan en el monte, quienes esperan un diagnóstico oportuno. Dar visibilidad a estas enfermedades es también reconocer que la salud pública no se mide sólo en cifras, sino en territorios, contextos y vidas concretas.