Yucatán

Especialista alerta sobre “red flags” de violencia en relaciones durante San Valentín

Comentarios como “pásame tu ubicación en tiempo real porque no vaya a ser que…” o “ya sabes que yo te protejo” pueden parecer cuidados, pero esconden conductas de control.

Las burlas y la invalidación de sentimientos son formas de alerta / Mishell Caderón

Hoy se conmemora el Día del Amor y la Amistad, pero nunca está de más cuestionar los vínculos, las relaciones y qué tan sanas son. En ese sentido, la maestra en Intervención en Violencia y psicóloga Ileana Cachón Ceballos, integrante de la Red de Acompañamiento Yucatán A.C., declaró a POR ESTO! que uno de los primeros síntomas que presentan las personas que viven violencia en la pareja es la constante ansiedad y depresión.

Anotó que estos suelen ser los signos más frecuentes; sin embargo, también se observan dificultades para cumplir con actividades diarias que antes se realizaban con normalidad y agilidad. Cuando existe violencia, explicó, todo comienza a sentirse pesado y complicado.

Además, señaló que pueden presentarse problemas para conciliar el sueño, alteraciones en la relación con la comida y constante irritabilidad. Observar estos signos en quienes nos rodean es esencial para identificar si algo no está bien, ya que también suele disminuir la frecuencia con la que la persona convive con sus redes de apoyo o amistades.

Se genera un “aislamiento”, aseguró Cachón. La persona desea estar únicamente con la pareja por miedo al abandono y puede ser manipulada o chantajeada; son focos de alerta, sentenció.

La maestra también resaltó que una de las conductas “red flag” o alarmantes para identificar a un posible agresor es el control disfrazado de preocupación. Comentarios como “pásame tu ubicación en tiempo real porque no vaya a ser que…” o “ya sabes que yo te protejo” pueden parecer cuidados, pero esconden conductas de control. De igual forma, frases como “lo hago porque te amo” o “solo conmigo estarás a salvo” pueden convertirse en chantaje y manipulación.

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Las burlas y la invalidación de sentimientos son otra forma de alerta. Expresiones como “yo no dije eso” —cuando en realidad sí lo dijo— o “no sé por qué dices esto si yo no lo hice” —cuando sí ocurrió— buscan confundir a la víctima. Este proceso es conocido como “gaslight” o luz de gas, una forma de manipulación abusiva que lleva a la persona a cuestionar su propia realidad, memoria y percepción.

El problema, explicó, es que las acciones sí fueron realizadas, pero el agresor convence tanto a la persona que esta termina en incertidumbre. Esta manipulación siembra dependencia, ya que las dudas sobre la propia cordura atan emocionalmente, mientras quien agrede evita responsabilidades y mantiene el control.

Por el lado de las mujeres, culturalmente se ha promovido la romantización del control con frases como “sin ti no soy nada”, “lucho por ti aunque me duela” o “el amor es sacrificio”. Aseveró que durante siglos se inculcó a la mujer la entrega sumisa, la obediencia y el no cuestionar, socializándola desde el sacrificio dentro de las relaciones de pareja.

También aseguró que a muchas mujeres se les educa para pensar que deben entenderlo y aguantarlo todo porque la pareja “está pasando un mal momento”. Así, comienzan a hacerse responsables de la estabilidad emocional del otro, cuando eso no les corresponde, convirtiéndose en una carga de culpa. Si “algo va mal”, sienten que deben salvar o arreglar la relación.

El miedo al abandono y la presión social también juegan un papel clave, ya que culturalmente se ha inculcado que la mujer no puede estar sola o que su meta principal debería ser tener hijos. A esto se suman los celos mal abordados como otra forma de normalización de la violencia, bajo ideas como “si me cela es porque me ama”.

La dependencia económica y emocional es otro factor determinante. Muchas mujeres no salen de relaciones violentas porque dependen económicamente de la persona agresora o emocionalmente de ella. Esto las coloca en una situación de vulnerabilidad, ya que al intentar salir enfrentan múltiples dificultades para consolidar un proyecto de vida propio.

Cachón resaltó que los modelos aprendidos en la familia son clave, pues “lo que vemos en casa es lo que aprendemos y normalizamos”. Frases como “niña buena” o “calladita te ves más bonita” forman parte de una educación cultural que influye en la manera en que las mujeres se relacionan, generando codependencia y vulnerabilidad en distintos ámbitos: sexual, económico y emocional.

Las señales internas también deben tomarse en cuenta. El cuerpo, aseguró, habla lo que las emociones callan. “Si las emociones están alteradas, si hay incertidumbre, ansiedad o miedo, el cuerpo es el primero en decirlo”. Esto puede manifestarse en hipervigilancia constante —esperar que la persona responda el celular, sobreanalizar la forma en que habla, estar pendiente de lo que hace o deja de hacer— así como en la justificación constante de sus acciones y la autocensura para evitar conflictos. Todo ello genera culpa por no reaccionar “acertadamente” y mantiene un ciclo constante de tensión.

Otra señal es confundir intensidad con conexión, bajo ideas como “si no peleamos significa que no me quiere”. Culturalmente se ha normalizado el conflicto permanente en la pareja, pero la ansiedad no disminuye con el tiempo y puede derivar en depresión y consecuencias físicas.

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Es esencial, afirmó, no ignorar estas señales y buscar ayuda profesional, además de apoyarse en una red cercana. “Muchas veces no tenemos la respuesta de lo que está sucediendo internamente”, anotó.

Para construir vínculos sanos, subrayó que es importante tener una meta de vida personal —a corto, mediano y largo plazo—, plantearse objetivos propios y definir qué se permitiría y qué no dentro de una relación. También es fundamental mantener actividades personales que no incluyan a la pareja, ya que esta es solo una parte de la vida, no el centro.

Generar espacios y actividades propias fortalece la autonomía. “La autonomía no se declara, se practica”, sentenció.

Finalmente, destacó que la autorreflexión y la regulación emocional son esenciales en cualquier vínculo. Antes de confrontar o discutir, es importante analizar de dónde surge la necesidad, si proviene de miedos o de situaciones reales, y cuestionar la repetición de patrones. Si no se trabaja en la propia persona, es posible repetir dinámicas de manera constante.

Contar con redes de apoyo —familia, amistades o personas de confianza— permite conocer otras perspectivas, no sentirse sola o solo y recibir retroalimentación externa. Cerró con una frase: “Puedo estar contigo, pero no te necesito para existir”, como un lema para practicar la autonomía. Asimismo, sugirió considerar la terapia como una herramienta y guía para quienes identifiquen estos patrones en sus relaciones.