En el Sur profundo de Yucatán se encuentra Tzucacab, un municipio de gran riqueza cultural y agrícola, reconocido por sus cosechas, sus antiguas haciendas cañeras y por el talento de sus habitantes en el arte popular y la gastronomía tradicional.
Conformado por varias comisarías, este territorio conserva una identidad marcada por la jarana, los gremios, las casas de piedra y los jardines domésticos, elementos que reflejan la vida cotidiana de su gente, caracterizada por la laboriosidad y la transmisión de valores a través de generaciones.
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Los registros históricos señalan que en el siglo XVI Tzucacab figuraba como pueblo de doctrina, dependiente de la vicaría de San Andrés de Peto. Posteriormente, en el siglo XVII, cronistas franciscanos lo mencionan bajo la advocación de Santa María Magdalena, y más tarde como comunidad dedicada a San Francisco Javier, patrono que aún se celebra en mayo.
Durante la Guerra de Castas, el municipio fue escenario de los Tratados de Tzucacab en 1848, aunque gran parte de la población indígena no aceptó los acuerdos, prolongando el conflicto por más de cinco décadas.
En el siglo XX, la producción de caña de azúcar y los ingenios de Catmís, Kakalná y Thul impulsaron la economía local. Hoy, la ganadería y la elaboración de quesos son los principales motores productivos, destacando ranchos como Hobonil, con ganado criollo y cebú.
El municipio cuenta con 40 comisarías, entre ellas Catmís, Ek-Balam, Corral, Noh-Bec, Yaxché X-Cobilacal, Blanca Flor y Tigre Grande, que sobresalen por su población y actividad económica.
Tzucacab también es cuna de personajes como el maestro Miguel Güemes Pineda, el curandero y narrador Tiburcio Tzakum Cab, el jaranero Armando León Sosa, y docentes como Vanessa Muñoz Güemes y Salvador Aguilar, quienes han dejado huella en la vida cultural y educativa de la región.