Durante una década, las remesas han sido una constante ascendente en Yucatán. Año con año, el dinero enviado desde Estados Unidos por migrantes yucatecos sostiene economías familiares, financia viviendas, paga estudios y se convirtió en un amortiguador silencioso frente a la precariedad laboral local. Sin embargo, el cierre de 2025 dejó una señal clara: el flujo de dólares ya no crece con la misma fuerza y el contexto que lo rodea es más incierto que nunca.
Al concluir el año pasado, los migrantes originarios de la Península de Yucatán enviaron en conjunto 993.1 millones de dólares, cifra inferior a la registrada en 2024 y que representó una contracción regional de 2.5 por ciento, de acuerdo con datos del Banco de México. Aunque el retroceso fue moderado en términos porcentuales, marcó un cambio relevante tras varios años de expansión continua y confirmó que el dinero que llega del norte ya no es inmune al entorno político y económico internacional.
Noticia Destacada
Legisladores y académicos analizan sobre la migración yucateca más allá de las remesas
Un caso diferente en el país
En ese escenario, Yucatán destacó como una excepción parcial. Mientras el total peninsular se redujo y Quintana Roo mostró una caída pronunciada, el estado logró cerrar 2025 con un ligero crecimiento en la captación de remesas. Durante el año, los hogares yucatecos recibieron 462 millones de dólares, por encima de los 454 millones contabilizados en el 2024, lo que implicó un aumento cercano al 1.8 por ciento. Traducido a moneda nacional, el flujo pasó de 7 mil 868 millones a poco más de 8 mil millones de pesos.
El dato no es menor si se observa el contexto nacional. A nivel país, 2025 significó el primer descenso anual de remesas en más de una década, interrumpiendo una racha que comenzó a consolidarse a partir de 2013 y que llevó a México a romper récords históricos de captación en 2023 y 2024. En Yucatán, en cambio, el crecimiento fue modesto pero suficiente para confirmar una tendencia propia, asociada a un patrón migratorio distinto y a redes familiares más estables.
Tendencia gradual
Durante los últimos diez años, el estado ha mostrado una evolución gradual pero constante en el envío de remesas. A diferencia de entidades con migración masiva y reciente, Yucatán presenta un flujo más sostenido, vinculado principalmente a comunidades del Sur del estado, donde la migración internacional es un fenómeno de largo aliento. Municipios como Mérida, Oxkutzcab, Tekax y Ticul concentran una parte significativa del dinero que llega del extranjero, combinando migración urbana y rural, así como actividades laborales diversas en Estados Unidos.
En Mérida, la capital, las remesas se han consolidado como un ingreso complementario para miles de hogares, particularmente en colonias populares y zonas de expansión urbana. En el Sur del estado, en municipios tradicionalmente expulsores de población, el dinero enviado desde el Norte sigue siendo un pilar de la economía local, no sólo para el consumo cotidiano, sino también para la construcción de viviendas, la compra de terrenos y el sostenimiento de pequeños negocios familiares.
Este comportamiento permitió que Yucatán resistiera mejor el ajuste observado en otras entidades de la Península. Campeche, por ejemplo, también logró cerrar 2025 con números positivos. El estado captó 175.3 millones de dólares, un crecimiento de 3.5 por ciento respecto al año previo, impulsado por una base migrante más reducida pero estable. En pesos, el flujo superó los 3 mil millones, reflejando una dinámica similar a la yucateca, aunque en menor escala.
Quintana Roo, en declive
El contraste más marcado se registró en Quintana Roo. La entidad, cuya migración internacional está estrechamente vinculada a los sectores de servicios, hotelería y turismo, enfrentó una caída significativa en las remesas. Durante 2025 recibió 355.8 millones de dólares, casi 40 millones menos que en 2024, lo que representó un descenso cercano al 10 por ciento. El impacto fue evidente también en moneda nacional, con una reducción de casi 700 millones de pesos en los ingresos familiares provenientes del extranjero.
La combinación de estos comportamientos explica el balance peninsular. El crecimiento moderado de Yucatán y Campeche no fue suficiente para compensar la contracción en Quintana Roo, arrastrando a la baja el total regional. Más allá de las cifras, el fenómeno revela cómo la estructura económica de cada estado influye directamente en la capacidad de sus migrantes para enviar dinero.
El contexto internacional ha jugado un papel determinante. El endurecimiento de las políticas migratorias y laborales en Estados Unidos, particularmente en sectores con alta rotación de empleo, incrementó la incertidumbre entre la población migrante durante 2025. Mayores controles, despidos, temor a deportaciones y restricciones al trabajo formal redujeron la capacidad de ahorro de miles de trabajadores, afectando el envío regular de recursos a sus comunidades de origen.
Noticia Destacada
Cinco municipios concentran 78% de las remesas que llegan a Yucatán en 2025
Señales de alerta temprana
En Yucatán, ese impacto fue parcialmente amortiguado por la diversificación de actividades laborales de sus migrantes y por redes familiares que priorizan la constancia sobre el monto. Aun así, especialistas advierten que la desaceleración es una señal de alerta. Aunque el flujo no se ha detenido, su crecimiento se ha ralentizado y podría enfrentar mayores presiones en los próximos años si el entorno internacional no mejora.
Para miles de familias yucatecas, las remesas siguen siendo un sostén fundamental. No obstante, el cierre de 2025 deja claro que ya no pueden asumirse como una garantía automática de crecimiento. El dinero que cruza la frontera continúa llegando, pero lo hace con mayor cautela, reflejando un cambio de época en la migración y en la economía que la rodea.
En ese nuevo escenario, Yucatán aparece como un estado que resiste, pero no como uno ajeno a los ajustes globales. La evolución de las remesas en los próximos años será clave para entender no sólo la economía familiar, sino también el pulso social de amplias regiones del estado donde, todavía hoy, el futuro se sigue construyendo con dólares que llegan desde lejos.