Yucatán

Pérdida de selva obliga a jaguares y pumas a acercarse a ranchos de la Península de Yucatán

La bióloga Gabriela Méndez Saint Martin expuso que estas condiciones obligan a los depredadores a acercarse a zonas productivas, generando tensiones con las comunidades.

La pérdida de la selva causa que los jaguares y pumas se acerquen a los ranchos
La pérdida de la selva causa que los jaguares y pumas se acerquen a los ranchos / Marco Landaverde

Los ataques de jaguares y pumas al ganado, principal sustento de familias rurales, se han convertido en uno de los principales focos de conflicto en la Península de Yucatán, situación que se agrava por la pérdida de hábitat y la disminución de presas naturales, advirtió la bióloga Gabriela Méndez Saint Martin.

La especialista, con más de 10 años de experiencia en el estudio de la coexistencia entre humanos y grandes mamíferos, explicó que estas condiciones obligan a los depredadores a acercarse a zonas productivas, generando tensiones con las comunidades.

Señaló que, ante el desconocimiento y la necesidad de proteger su patrimonio, algunos pobladores optan por matar a estos animales, sin dimensionar el impacto ecológico que esto representa.

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Méndez Saint Martin desarrolla actualmente su investigación en el municipio de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo, como parte de su maestría en Ciencias Biológicas en la Universidad Autónoma de Campeche, donde analiza las percepciones sociales hacia estos carnívoros.

Indicó que su trabajo busca entender cómo las actitudes de las comunidades influyen directamente en la forma en que conviven con especies como el jaguar y el puma, y cómo estas percepciones pueden transformarse mediante procesos de educación ambiental.

Este proyecto se realiza en paralelo con las acciones de la organización Be’ Tonal Conservation and Research A.C., integrada por jóvenes especialistas en investigación, manejo, conservación y divulgación científica.

Uno de los principales retos, destacó, ha sido abordar el conflicto desde la empatía, reconociendo las necesidades de las comunidades sin dejar de lado la urgencia de proteger a estas especies.

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“La conservación solo es posible si se construye de la mano con las personas; sin su participación, cualquier esfuerzo resulta insuficiente”, subrayó la especialista.

Como parte de estas estrategias, el pasado 21 de marzo realizaron un taller de educación ambiental con una familia propietaria de mil hectáreas de selva en Quintana Roo, con el objetivo de convertir a los habitantes en aliados de la conservación.

Méndez destacó el caso de la reserva comunitaria K’u’ Áayin como ejemplo de que el compromiso local y el acceso al conocimiento pueden generar cambios positivos en la protección de la biodiversidad.

Añadió que, tanto en Yucatán como en estados vecinos, se han impulsado campañas de educación ambiental que han permitido una mayor apertura al diálogo y al intercambio de saberes.

Señaló que el trabajo en territorio ha demostrado que la información y el acompañamiento son clave para transformar la percepción sobre estas especies, pasando de considerarlas una amenaza a reconocer su papel en el equilibrio ecológico.

A través de estas acciones, se busca que las comunidades cuenten con herramientas para prevenir ataques al ganado y, al mismo tiempo, contribuir a la conservación de especies emblemáticas de la región.