
San Francisco de Campeche guarda entre sus calles y edificios antiguos no solo historia, sino también relatos que se transmiten de generación en generación. Uno de ellos, aún presente en la memoria colectiva de quienes fueron niños en los años 90 y principios del 2000, tiene como escenario el Hospital Manuel Campos, ubicado en el corazón de la ciudad.
Según cuentan quienes vivieron esa época, en la zona que hoy funciona como almacén del hospital, se dice que antes se encontraba el área destinada a pacientes con enfermedades mentales. Allí, decían, habitaba una mujer que muchos consideraban “loca” y que, con el tiempo, fue señalada como una especie de bruja. Su presencia inquietaba a los menores que diariamente pasaban frente al hospital, especialmente aquellos que esperaban el camión en el paradero cercano o asistían a la escuela primaria Justo Sierra Méndez, ubicada a pocos metros.
Los relatos hablaban de gritos desgarradores que se escuchaban desde el interior del hospital, incluso cuando ya no se atendían pacientes en esa área. Algunos aseguraban haber visto, desde la calle, una figura femenina observando desde una ventana, como si acechara a los transeúntes. La imagen de “la mujer de la ventana” se convirtió en un símbolo del miedo infantil, alimentado por el misterio y la falta de explicaciones oficiales.
Nunca hubo una fuente que confirmara la existencia de aquella mujer ni de los fenómenos que se le atribuían. Sin embargo, como ocurre con muchas leyendas urbanas, la ausencia de pruebas solo fortaleció el mito. Para los niños de aquella época, el Hospital Manuel Campos no era solo un centro médico, sino el escenario de una historia que mezclaba lo sobrenatural con lo cotidiano.
Hoy, esa leyenda forma parte del imaginario popular campechano, recordándonos cómo los espacios pueden transformarse en símbolos de lo inexplicable, y cómo las voces de los niños, cargadas de asombro y temor, pueden dar vida a relatos que perduran más allá del tiempo.