En medio del ajetreo cotidiano del Centro Histórico de Campeche, un pequeño acto de bondad logró detener el tiempo y tocar corazones. Ocurrió en la calle 8, donde una usuaria captó un momento que hoy se ha convertido en símbolo de humanidad y empatía.
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Una niña vestida de rojo acompañaba a sus padres, quienes venden pulseritas para ganarse el sustento diario. Entre el ir y venir de turistas y locales, apareció un joven vestido de blanco, empujando un carrito en el que viajaba, aparentemente, su hija. Sin palabras, sin miradas de lástima ni gestos forzados, el joven hizo algo extraordinario por lo simple: invitó a la pequeña a subir al carrito.
La escena fue breve, pero poderosa. El joven paseó a las dos niñas juntas, regalándole a la pequeña vendedora algo que no se compra con dinero: un momento de alegría, inclusión y normalidad. Por unos minutos, dejó de ser la niña que ayuda a sus padres a vender y se convirtió simplemente en una niña feliz, riendo, jugando, siendo vista.“
El video del gesto fue compartido por Normi Ylonen, quien acompañó la publicación con el mensaje: “Cosas que merecen ser compartidas”.
Y no es para menos. En una ciudad donde las prisas muchas veces nos vuelven indiferentes, este gesto recordó que la bondad sigue viva y que no hacen falta grandes acciones para cambiar el día —o la vida— de alguien.
El mensaje que acompaña el video resume el sentir colectivo: “Muchacho de blanco, que Diosito te bendiga y que te multiplique tus buenas acciones. Hoy hiciste feliz a una pequeña y la vida te lo va a recompensar.”
Porque en Campeche, entre calles históricas y historias cotidianas, todavía hay gestos que nos recuerdan que la empatía también construye comunidad. Y que, a veces, un simple paseo puede significar el mundo entero para una niña.