Ante el incremento de casos de sarampión y la tendencia al alza en distintas regiones, Rafael Fonoy Jiménez, presidente de la Asociación de Médicos Generales y Familiares en Ciudad del Carmen, dio a conocer una serie de medidas no farmacológicas que pueden contribuir a reducir la transmisión de esta enfermedad altamente contagiosa.
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De acuerdo con el galeno, la principal herramienta para controlar el sarampión es la vacunación con SRP o SR; sin embargo, explicó que existen factores como retrasos en el acceso a la vacuna, el tiempo necesario para generar inmunidad y la protección de personas que no pueden vacunarse, que hacen necesario implementar acciones complementarias.
El avance significativo en los casos de sarampión en el país ha generado acciones por parte de la Secretaría de Salud, con la finalidad de intensificar la vacunación como el medio más efectivo. Sin embargo, al tratarse de una enfermedad que se transmite por vía aérea, destacó que la gestión de la calidad del aire interior juega un papel fundamental en la disminución del riesgo de contagio, especialmente en espacios cerrados y concurridos como escuelas, hospitales, oficinas y transporte público.
Indicó que si bien vacunarse es la primera opción, hay algunas medidas recomendadas para garantizar que el entorno donde desempeñemos nuestras actividades tenga una ventilación adecuada, es decir, aumentar la entrada de aire fresco para diluir la concentración de partículas virales en el ambiente. También señaló la importancia de la filtración de aire mediante sistemas de alta eficiencia como filtros HEPA o MERV 13, capaces de capturar partículas que transportan virus.
Fonoy Jiménez mencionó además el uso de tecnologías de desinfección del aire, como la luz ultravioleta tipo UVC, utilizada desde la década de 1940 como apoyo en el control de enfermedades respiratorias. Otra acción relevante es el control de la humedad, recomendando mantener niveles entre el 40 y el 60 por ciento, lo que puede reducir la supervivencia del virus y limitar la permanencia de aerosoles en suspensión. Asimismo, enfatizó la limpieza y desinfección frecuente de superficies de alto contacto, acompañada de una correcta higiene de manos.
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Respecto al uso de protección facial, aclaró que las mascarillas quirúrgicas no fueron diseñadas para enfermedades transmitidas por aerosoles como el sarampión, influenza, COVID-19 o tuberculosis. En su lugar, recomendó el uso de respiradores de buena calidad y ajuste adecuado, como KN95, N95, KF94 o equivalentes, que ofrecen mayor protección frente a partículas suspendidas en el aire.
Finalmente, señaló que mejorar la calidad del aire interior no debe verse como una medida temporal, sino como una estrategia permanente para reducir la propagación de enfermedades respiratorias y fortalecer la salud pública a largo plazo, pues ya sucedió con el COVID-19, algo que fue drástico pero que terminó siendo efectivo. Por lo tanto, ante la amenaza del sarampión, esto sería lo ideal.