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Panleucopenia felina: qué es, síntomas y cómo prevenir este virus en gatos

La panleucopenia felina es un virus altamente contagioso que afecta sobre todo a gatitos no vacunados.

Qué se sabe sobre este virus
Qué se sabe sobre este virus

La panleucopenia felina encendió las alertas entre veterinarios y especialistas en salud animal debido a su alta capacidad de contagio y a las consecuencias graves que puede provocar, sobre todo en gatitos menores de un año. Se trata de una enfermedad viral que, sin atención oportuna, puede resultar mortal.

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Este virus afecta principalmente al sistema inmunológico y al aparato digestivo de los felinos, debilitándolos en cuestión de horas o días. Aunque puede presentarse en gatos adultos, los casos más severos se registran en animales no vacunados, gatos callejeros o aquellos que viven en refugios y espacios con alta concentración de otros felinos.

La panleucopenia es causada por un parvovirus felino extremadamente resistente, capaz de permanecer activo durante meses en superficies como pisos, ropa, platos o transportadoras. Esto permite que el contagio ocurra incluso sin contacto directo entre animales, lo que incrementa el riesgo de brotes.

Entre las señales de alerta se encuentran fiebre, vómitos constantes, diarrea intensa, pérdida de apetito, deshidratación y debilidad extrema. En gatitos, el deterioro suele ser rápido, por lo que veterinarios insisten en acudir de inmediato a consulta ante los primeros síntomas.

La vacunación temprana es la herramienta más eficaz para prevenir esta enfermedad. El esquema suele comenzar entre las 6 y 8 semanas de vida, con refuerzos posteriores. A esto se suma la importancia de una higiene estricta, la desinfección adecuada del entorno y evitar el contacto con gatos cuyo estado de salud sea desconocido.

En hogares con varios felinos, el aislamiento inmediato del gato enfermo es fundamental para evitar la propagación del virus. Aunque no existe un tratamiento específico que elimine la panleucopenia, los cuidados veterinarios oportunos, la hidratación y el monitoreo constante aumentan significativamente las probabilidades de supervivencia.