Alfredo García
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El anuncio del presidente Donald Trump de militarizar la frontera con México usando como pretexto el avance “la invasión” de la caravana de inmigrantes centroamericanos que se dirige a Estados Unidos, constituye una amenaza encubierta del inestable presidente norteamericano, contra el nuevo gobierno mexicano que asumirá la presidencia el próximo 1 de diciembre.
En un ataque de histeria, Trump anunció el pasado jueves que podría enviar hasta 15,000 soldados de combate a la frontera con México, que se sumarian a los 2,092 efectivos de la Guardia Nacional ante la llegada de una caravana con miles de inmigrantes e integrada por hondureños, salvadoreños y guatemaltecos, ahora cruza México en dirección al territorio norteamericano en busca de asilo o refugio.
“Mientras la caravana sea una preocupación, nuestro Ejército estará ahí afuera. Tenemos sobre 5,000 (soldados). Alcanzaremos un punto entre 10,000 y 15,000 de personal militar”, declaró Trump, ignorando una ley norteamericana de 1878 que prohíbe desplegar soldados para tareas de seguridad y orden público a nivel nacional. “Les he dicho (a los soldados) que la consideren (una piedra) como un rifle”, agregó Trump.
“Si ellos (los inmigrantes) lanzan piedras, como hicieron contra la policía y el ejército mexicano, les digo, considérenlo como un fusil. A esta caravana de solicitantes de asilo ilegítimo, no se le permitirá la entrada”.
La ley de EU autoriza al inmigrante indocumentado, solicitar asilo en los puertos fronterizos o dentro del país.
La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, en inglés) calcula entre 3,500 personas la primera caravana, otra segunda de 3,000 inmigrantes, seguidos por una tercera con unas 7,000 personas procedentes de El Salvador.
Desde el inicio de su epilepsia antiinmigrante, la atención mediática sobre las declaraciones de Trump, ha estado dirigida al reverdecimiento del racismo y la xenofobia de su electorado, con el propósito de promover a los candidatos republicanos en las elecciones legislativas del próximo 6 de noviembre. Trump necesita movilizar a la extremista base republicana para evitar que los demócratas obtengan la mayoría en el Congreso. Con su torcido y engañoso estilo, el presidente bautizó las elecciones del próximo martes como “Elecciones de la caravana”. Sin embargo, lo desproporcionado de su decisión, ha pasado inadvertido.
La frontera norteamericana-mexicana, es una de las más blindadas del planeta y su porosidad se debe a las propias leyes norteamericanas que la concibieron como una fuente de mano de obra barata, que después de décadas de beneficio económico la ultraderecha republicana pretende regularla con odio, discriminación y represión.
En su última alocución e imitando al funesto exsheriff del condado de Maricopa, Joe Arpaio, el magnate presidente anunció la construcción de “ciudades de carpas” para detener a las personas indocumentadas de las caravanas que pidan asilo hasta que resuelvan sus solicitudes.
Sin negar la influencia de la bandera racista enarbolada desde su campaña electoral en las próximas elecciones legislativas, su sospechosa nobleza hacia el recién electo presidente mexicano y su adicción a crear condiciones de fuerza para futuras negociaciones, obliga a sospechar de ocultas razones para el insólito despliegue militar fronterizo de cara al próximo gobierno mexicano.