Alfredo García
A dos meses del encuentro por separado en Washington con el presidente Donald Trump, por parte del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el líder opositor general, Benny Gantz, después del fracaso electoral en dos ocasiones (abril y septiembre 2019) y a un mes del tercer intento (marzo 2020), finalmente triunfó la posición del empresario-presidente en favor de un gobierno de “unidad nacional”.
Mark Zell, presidente de “Republicans Overseas Israel”, que agrupa a republicanos en el exterior, acertó en su pronosticó antes de la tercera elección: “Su resultado le dará a los israelíes, lo que siempre quisieron: una asociación entre Netanyahu y Gantz”.
No fue secreto el apoyo del presidente Trump a Netanyahu, previo las elecciones, (respaldo a la colonización, Acuerdo de Paz favorable a Israel, apoyo a la anexión del Valle del Jordán, Tratado de Defensa Mutua con Israel), confiando en una victoria de reelección del primer Ministro. Sin embargo eso no ocurrió y por el contrario, la creciente polarización política detonó una crisis que amenazó con desestabilizar al gobierno israelí.
La “elección” del opositor Gantz, como presidente del Parlamento el pasado jueves, dio un inesperado giro político dirigido a formar Gobierno con el partido Likud. El “cambio” se produjo durante un pleno para designar al sucesor de Yuli Edelstein, del Likud, originario de la antigua URSS y presidente saliente del Parlamento, quien “renunció” el pasado miércoles después de negarse a acatar la orden del Tribunal Supremo para reanudar la actividad parlamentaria, suspendida con la justificación de las medidas de contención tomadas frente al coronavirus.
El candidato previsto para sustituir a Edelstein era el centrista, Amir Cohen, exvicepresidente del Parlamento de la anterior legislatura, que había recibido el respaldo de 61 de los 120 escaños de la coalición de Azul y Blanco. La intención de nominar a Cohen, era promover una legislación que impidiera a un diputado acusado judicialmente (Netanyahu), formar un gobierno y actuar como primer ministro. La ley israelí no contempla la renuncia de un jefe del Ejecutivo acusado, mientras no se haya dictado sentencia en su contra. Gantz había asegurado que no entraría en un gobierno con alguien como Netanyahu, acusado por tres casos de corrupción. Sin embargo la conveniencia fue mayor que la ética. Con su sorpresiva autopropuesta para el cargo de presidente del Parlamento, Gantz dio un viraje a su posición con el previo apoyo de 74 diputados entre sus seguidores, partido Likud y aliados religiosos y de ultraderecha.
Gantz había recibido el encargo del presidente, Reuvén Rivlin, de formar gobierno en un plazo de 28 días. Mientras Netanyahu se aferraba a un Gabinete en funciones sin apoyo parlamentario, Gantz enfrentaba el reto de un Gobierno de aliados con posiciones políticas irreconciliables. Trascendió que la maniobra parlamentaria, fue resultado de una alianza de última hora entre Gantz y Netanyahu para formar un Gobierno de “unidad nacional”, influido quizás por la reciente amenaza extorsionista de Trump contra Afganistán, por negarse al pedido del secretario de Estado, Mike Pompeo, de formar Gobierno.
Trascendió que Netanyahu seguirá ocupando su cargo hasta septiembre de 2021 y Gantz será ministro de Exteriores. Yair Lapid, ex ministro de Finanzas y Moshe Yaalon, ex secretario de Defensa, fundadores de Azul y Blanco, retiraron su apoyo a Gantz. Analistas coinciden en que con el vuelco de Gantz y la fractura de la coalición centro-izquierda árabe-israelí, hizo fracasar la estrategia del bloque parlamentario opositor para poner fin a 14 años de mandato ultraderechista del primer ministro Netanyahu, mientras Trump consolida su poder en el Medio Oriente hasta las elecciones de noviembre de 2020.