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África se está partiendo en dos: la ciencia explica cómo y dónde nacerá un nuevo océano

La geología confirma que África oriental se está fracturando. Un proceso tectónico activo dará origen a un nuevo océano en millones de años, con impactos científicos, sociales y energéticos.

El surgimiento de un nuevo océano africano no implica un cataclismo inminente
El surgimiento de un nuevo océano africano no implica un cataclismo inminente / AP

El mapa del mundo no es una imagen estática. Bajo África oriental, la corteza terrestre se estira, se adelgaza y se rompe de forma progresiva.

La evidencia científica acumulada en los últimos años confirma que este proceso dará lugar, en el largo plazo, a un nuevo océano que separará el Cuerno de África del resto del continente.

Aunque no se trata de un fenómeno inmediato, los cambios ya son visibles tanto en el subsuelo como en la superficie.

El Rift africano: el punto donde África se fractura

El proceso se concentra en la región de Afar, al norte de Etiopía, donde convergen tres grandes sistemas de fractura: el Mar Rojo, el golfo de Adén y el Rift de África oriental. En esta zona interactúan tres placas tectónicas: la nubia, la somalí y la arábiga, que se separan de manera constante.

El rift se extiende miles de kilómetros hacia el sur y atraviesa más de una decena de países, entre ellos Kenia, Tanzania, Uganda, Ruanda, Malawi, Mozambique, Eritrea, Yibuti y Somalia. Esta fractura continental es una de las estructuras tectónicas activas más extensas del planeta.

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Qué ocurre bajo la corteza terrestre

Un estudio publicado en 2025 en la revista Nature Geoscience analizó más de 130 muestras de rocas volcánicas recientes en los tres brazos del rift de Afar.

Los resultados indican que todo el sistema está alimentado por una única surgencia de manto, una columna de roca caliente que asciende desde cientos de kilómetros de profundidad.

Esta surgencia no es homogénea. El material asciende en pulsos, con variaciones químicas que dependen del grosor de la corteza y de la velocidad de separación de las placas. Donde la corteza es más delgada, el ascenso del magma es más eficiente; donde es más gruesa, el flujo se ralentiza.

Evidencias visibles en la superficie

La actividad tectónica ya ha dejado huellas claras. En 2005 se abrió una grieta de 56 kilómetros en Afar, asociada a una intrusión masiva de magma. En 2018, una fisura en el valle del Rift keniano cortó una carretera principal, obligando a desviar el tránsito.

Estos episodios se relacionan directamente con el adelgazamiento progresivo de la corteza, un proceso que traerá consigo más volcanismo, sismos moderados y zonas que terminarán inundadas por agua marina.

¿Cuándo se formará el nuevo océano?

Los modelos geológicos sitúan la apertura de un océano plenamente desarrollado en un plazo de uno a varios millones de años. No existe una fecha precisa, pero el proceso ya está en marcha y es irreversible a escala geológica.

Riesgos y oportunidades para la región

Vivir sobre un rift activo implica riesgos para la infraestructura y la población, pero también oportunidades.

El calor del manto terrestre representa una fuente clave de energía geotérmica. Kenia ya genera cerca de un gigavatio mediante esta tecnología, mientras Etiopía desarrolla proyectos para reducir su dependencia de combustibles fósiles.

Se estima que el Rift africano podría albergar entre 17 y 20 gigavatios de potencial geotérmico, suficiente para abastecer a millones de hogares.

Un proceso lento con decisiones inmediatas

El surgimiento de un nuevo océano africano no implica un cataclismo inminente. Es una transformación gradual que recuerda que los continentes se mueven y que el mapa actual es solo una instantánea. La clave está en cómo los países de la región gestionen hoy los riesgos y los beneficios de vivir sobre una Tierra que sigue cambiando.

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