El debate por la reducción de la jornada laboral volvió al centro de la agenda legislativa, pero con una precisión clave: la reforma busca establecer un máximo de 40 horas semanales, sin que eso signifique, de manera automática, dos días obligatorios de descanso.
Óscar Cantón Zetina, presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, explicó que el enfoque principal es que la Constitución marque el límite de horas, mientras que la distribución de la semana —cinco o seis días de trabajo— quedaría en la práctica bajo el esquema que definan empleadores y centros laborales, respetando el mínimo legal de descanso semanal.
¿Entonces habrá uno o dos días de descanso?
De acuerdo con lo expuesto, la reforma no estaría diseñada para imponer un modelo único de “fin de semana de dos días”.
En su lugar, el objetivo es limitar el tiempo total de trabajo: no rebasar 40 horas, independientemente de cómo se repartan en la semana.
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En este planteamiento, el descanso obligatorio se mantendría como un piso, pero las empresas podrían adoptar esquemas distintos (por ejemplo, dos días de descanso) si su operación lo permite. La diferencia es que no quedaría establecido como una obligación general en el texto.
¿Cuándo se discutiría y qué ruta se perfila?
En el radar legislativo reciente, Morena en el Senado ha señalado que el tema se abordaría a partir de 2026, con una ruta de análisis y discusión.
En paralelo, también se ha planteado que el cambio pueda aplicarse de forma gradual en los próximos años, con ajustes progresivos al límite semanal, aunque los detalles específicos dependerán del dictamen final y de los acuerdos políticos.
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