A partir del 4 de abril de 2026, el subsidio al diésel en México registró un incremento relevante al ubicarse en 81.2%, según lo informado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP).
La medida forma parte del esquema de estímulos fiscales aplicado al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), con el objetivo de reducir el impacto en el precio final que enfrentan consumidores y sectores productivos.
El ajuste implica una mayor intervención del gobierno federal para amortiguar las variaciones en el mercado internacional de combustibles, particularmente en un insumo clave para el autotransporte de carga y la logística nacional.
El diésel es fundamental para la operación de cadenas de suministro, por lo que cualquier variación en su costo tiene efectos directos en la inflación y en los precios de bienes y servicios.
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Presión internacional y efectos en el mercado energético
El incremento del subsidio ocurre en un entorno internacional marcado por la volatilidad en los precios del petróleo. La intensificación del conflicto en Oriente Medio y la incertidumbre en el estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores energéticos del mundo, han generado presiones al alza en los mercados globales.
Ante este escenario, México ha optado por fortalecer el estímulo fiscal al diésel como mecanismo para contener impactos internos, evitando incrementos abruptos que podrían afectar la actividad económica.
Esta estrategia busca mantener estabilidad en sectores estratégicos, especialmente en el transporte de mercancías, donde el combustible representa uno de los principales costos operativos.
La decisión de la SHCP se alinea con medidas adoptadas por otros países que también enfrentan el encarecimiento de energéticos, en un contexto donde la geopolítica continúa influyendo de manera directa en los mercados internacionales.
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