Quintana Roo / Cancún

“Solo hacía mi trabajo”: Ex trabajador de Pemex relata el presunto hostigamiento laboral que lo llevó a la indigencia en Cancún

Tras haber sobrevivido a un secuestro en 2009, Héctor Ramos vive en la indigencia y sin poder regresar a su natal Chiapas.

“Solo hacía mi trabajo”: Ex trabajador de Pemex relata el presunto hostigamiento laboral que lo llevó a la indigencia en Cancún
“Solo hacía mi trabajo”: Ex trabajador de Pemex relata el presunto hostigamiento laboral que lo llevó a la indigencia en Cancún / Erick Romero

Héctor Ramos, quién desde hace más de 16 años vive en la indigencia, relató cómo fueron sus épocas cuando trabajaba en Petróleos de México (PEMEX) como Mecánico Industrial en el complejo de Cactus en Chiapas, y que desde aquel entonces iniciaron sus problemas con sus jefes y superiores, los cuales incluso antes de quitarle su jubilación lo culparon de supuestas faltas administrativas y estuvo preso casi un año.

Relató que comenzó a trabajar alrededor de mediados de la década de los 80 como un simple asistente, como él lo dijo en sus palabras "Un simplemente chalán" que comenzó a ganar experiencia rápidamente y reconocimiento de sus compañeros por su habilidad al resolver improvistos en el proceso. Con el tiempo, comenzó a adquirir responsabilidades mayores.

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“Desde los veintitantos años comencé a trabajar. Me empezó a ir bien, le pude poner una casa a mi mujer, tuvimos hijos, una economía en crecimiento, pero también me dieron nuevas tareas que tuve que asumir”, mencionó.

"No conté con que a la larga sería utilizado como chivo expiatorio para malas jugadas” mencionó el señor Héctor.

Para entonces, ya tenía alrededor de más 18 años trabajando en la petrolera, ya entrados en los 2000 comenzó a sentir que le estaban tramando una encrucijada, pues constantemente era notificado de que presuntamente estaba llevando una mala administración en materia de mantenimiento de una Bomba de Azufre, un equipo utilizado en plantas de recuperación del mencionado elemento químico, el cual queda como residuo tras refinar los hidrocarburos.

Héctor ahora sobrevive juntando latas y fierros / Erick Romero

Reveló que durante un bimestre de operaciones, el mantenimiento regular no fue realizado y por tal motivo sus superiores lo mandaron a llamar.

Tal fue la consecuencia de esta falta administrativa que presuntamente le inventaron que, en vez de despedirlo, terminó preso en febrero del 2001, donde permaneció 9 meses hasta que fue liberado en octubre después de llegar a un acuerdo del cual no quiso dar detalles.

Me jugaron mal. Y yo solo hacia mi trabajo de la mejor manera, querían afectarme a la mala y lo consiguieron. Perdí reconocimiento entre mi cuadrilla y compañeros, por razones que aún no comprendo parece que comencé a parecerle incomodo a alguien, y buscaron apartarme de esta manera” dijo Héctor.

Tras su secuestro ha sufrido derrames cerebrales, pero no tiene con quien acudir / Erick Romero

Ya libre, mencionó que volvió a trabajar en el complejo Cactus, donde acercándose a sus 25 años trabajando, decidió que era tiempo de terminar y de disfrutar de la jubilación que merecía, que según recuerda con claridad era de un pago inicial de más de 300 mil pesos, y mensualmente recibiría unos $5700 pesos.

Cuando se acercaba la tan ansiada fecha alrededor del 2009, fue cuando sufrió otra vez de la traición de sus superiores, ya que le volvieron a recriminar las situaciones del pasado, y que no se le iba a entregar un solo peso porque se tenían que pagar las reparaciones al equipo supuestamente dañado.

Héctor, ya en disposición de dejar la fiesta en paz, fue a cobrar su jubilación con el cheque del monto estipulado, y fue que a los pocos días cuando sufrió aquel secuestro orquestado por un grupo de personas conformado por unos tales “Mago, El pollo y la Blanca” que también le suministraron una fuerte dosis de heroína que lo dejó trastornado, terminando hasta en Cancún donde desde hace más de 16 años vive en las calles.

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“Acabaron conmigo. Casi y muero, y desde ese entonces he tenido derrames cerebrales, pero no tengo con quien acudir. No se si mi familia sabe de mí, y yo tampoco se de ellos. Aquí malvivo como puedo, juntando latas y fierros, mientras mi pensión que me gané por tantos años debe estar encajonada en algún banco sin yo poder hacer uso de ella”

Termina diciendo que Cancún no ha sido amable con él, ya que a pesar de buscar algún oficio no se lo han dado. Terminó por ser alcohólico y recolectar fierros para vender, pero al estar por la zona conocida como La Torcasita y por la SM 63 está bajo constante riesgo de que otros pepenadores se tornen violentos con él, habiendo sufrido ya de peleas y lesiones. Quiere regresar a su natal Chiapas, donde por lo menos podría sentirse en casa y quizá poder iniciar otra vez.