Al menos mil gatos ferales habitan en zonas populares de Isla Mujeres, lo que representa cerca del 80% de la población felina en esa condición; el resto cuenta con propietario, señalaron Noemí y María, voluntarias que colaboran con asociaciones dedicadas a la captura y esterilización de animales.
Dijeron que esta situación persiste ante la falta de un programa institucional de control.
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El veterinario Delfino Guevara ha abordado este problema en diversas ocasiones, exhortando a las autoridades municipales a implementar un proyecto formal para la captura y esterilización de felinos en colonias, con el objetivo de regular su crecimiento poblacional, tal como ocurrió con los perros tras más de 25 años de esfuerzo comunitario, ya que la intervención oficial fue limitada.
Comentaron que actualmente se colocan trampas de manera periódica en colonias como El Cañotal y Miraflores, donde se ha detectado mayor presencia de estos animales deambulando entre viviendas. Durante el otoño pasado se realizó una jornada masiva de esterilización con apoyo de voluntarios extranjeros.
Hace dos años, la proporción de gatos silvestres alcanzaba el 90 por ciento. Debido al trabajo conjunto de voluntarios y médicos veterinarios como Guevara, se espera reducirla al 70% para finales del 2026. Noemí subrayó que, si las direcciones municipales de Ecología, Salud y Educación aplicaran la Ley de Bienestar Animal, el proceso de control avanzaría con mayor rapidez.
En contraste, la población canina se encuentra mayormente regulada. Se estima que alrededor del 90% de los perros tiene dueño, sobre un aproximado de 2 mil ejemplares, de acuerdo con personal del veterinario, quien prepara un plan específico en materia de salud animal.
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María lamentó que el abandono de mascotas continúe registrándose con frecuencia, a razón de un caso semanal, debido a la ausencia de sanciones para propietarios irresponsables que permiten que sus animales salgan a vagar y generen contaminación en la vía pública.
Explicó que los felinos suelen ingresar a predios en busca de alimento. En la colonia Miraflores, el vecino Joel relató que a veces los alimenta, aunque su esposa se opone debido a los conflictos que generan en techos y patios al disputar territorio.
“Por las noches los felinos se pelean en los techos, defecan en los predios y provocan malos olores. Esto molesta a los vecinos y algunos hablan de envenenarlos”, expresó.