Un colectivo de entre 15 y 20 artesanas impulsa el rescate de la tradicional puntada maya, una técnica de bordado a mano que permaneció entre 20 y 30 años en el olvido. Sin embargo, las integrantes enfrentan una severa crisis económica por las bajas ventas, la escasa afluencia turística y la falta de canales directos de comercialización en la palapa del centro de la cabecera del municipio Lázaro Cárdenas.
La agrupación Lolbeh, con más de una década de trayectoria trabaja en la palapa del centro de Kantunilkín y pueden pasar jornadas enteras sin vender una sola pieza, informó su representante, Julia Mex.
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El colectivo surgió como una actividad recreativa para mujeres de distintas edades, pero con el tiempo se convirtió en un taller dedicado a la confección de prendas tradicionales mediante técnicas como el bordado a mano, el punto de cruz y el bordado de sombra.
Uno de sus principales objetivos es recuperar la puntada maya, transmitida de generación en generación por las abuelas de la comunidad y utilizada en la elaboración de huipiles, blusas, camisas, manteles, pañuelos, aretes y prendedores.
Cada artículo requiere tiempo y dedicación. Dependiendo de la complejidad del diseño, la confección puede tomar desde una semana hasta más de un mes. Las piezas también implican gastos en telas e hilos, además de las horas de trabajo. Las blusas pueden alcanzar precios de entre mil y mil 500 pesos, mientras que los productos pequeños, como los pañuelos, se ofrecen desde 40 hasta 50 pesos.
Pese al valor cultural de estas creaciones, la demanda es limitada. El punto de venta, ubicado detrás del parque de las ballenas, dificulta el contacto con los visitantes que recorren la zona y reduce las posibilidades de atraer compradores. Esta situación provoca que las ventas sean esporádicas y que las bordadoras no recuperen de manera constante el dinero invertido.
Otro obstáculo es el regateo de clientes locales y foráneos, que disminuye el reconocimiento económico de las horas dedicadas a cada pieza. A ello se suma la falta de recursos para acceder a créditos o financiamientos, pues las integrantes consideran riesgoso endeudarse ante la incertidumbre comercial. Por ello, el taller funciona con capital propio y ajusta su producción.
En cuanto al respaldo gubernamental, las bordadoras señalaron que se limita a apoyos ocasionales para trasladarse a ferias y entrega de materiales, como telas e hilos, durante fechas conmemorativas.
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Para fortalecer el proyecto y preservar esta tradición textil en Lázaro Cárdenas, las integrantes de Lolbeh consideran necesario abrir espacios de exhibición fuera de la localidad, difundir su catálogo y establecer canales de venta que las vinculen directamente con compradores interesados en las prendas elaboradas con técnicas mayas.