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Yucatán

Russel Andrés Avilés Zapata, excelente tallador de madera

Víctor Salas

Ahora, en estos setenta años que cumplo, con el tiempo disponible para mirar dorsalmente, o hacia las nubes, la tierra y el viento, me encuentro con cosas que de otra manera nunca hubiera descubierto. Pobre andante, montado en la náusea cronológica, llego al zaguán, abiertos sus dos portones como alas plegadas en el retozo, donde me esperan enorme cantidad de lienzos pintados al óleo y algunas tallas de madera. En este sitio, en el que dice la historia que alguna vez vivió Felipe Santiago Carrillo Puerto, se encuentra una galería de autor (enfrentito de la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida), cuyo responsable es el pintor Geyder Gaspar Estrella, quien, entre las obras que expone tiene unas espléndidas esculturas en madera de cedro, cuya factura es de una sorprendente calidad, alto grado de dificultad y sobre todo, surgidas de ideas ancestrales y desarrolladas de una manera original. El tallador de las piezas es Russel Andrés Avilés Zapata, nato de Kantunil y plenamente autodidacta. En su población tiene su taller y viaja a Mérida, cuando alguna condición laboral lo amerita, como es el caso de nuestro encuentro para realizar una breve charla en torno a sus obras. Tiene 30 años en el trabajo de convertir maderas en tallas escultóricas, logrando una producción tan interesante que, muchas de sus obras han sido adquiridas por personas de Guadalajara y otros lugares del país, quienes le hacen encargos de diversas índoles. “Expuse en la Feria de Xmatkuil una lámpara que le llamó la atención a toda persona que la veía. Es lógico que ahí no va la gente a comprar piezas de arte cuyo valor es de arriba de los 10 mil pesos, sin embargo, la obra se vendió. Pero mi trabajo donde sí ha ganado, es en concursos nacionales. Tengo varios premios y reconocimientos. Esa pieza, que es un maestro maya antiguo que transmite sus conocimientos a uno joven, tuvo una mención especial en el último concurso nacional en el que participé. Es una de mis obras preferidas porque el grado de dificultad ha sido muy grande. Y yo no utilizo, todavía, maquinaria para crear mis obras, prefiero hacer todo manual porque siento que los volúmenes de los personajes o los objetos, los vas sintiendo y te relacionas diferente con la materia prima, con el tronco de un árbol de cedro, que produce una madera eterna y muy buena para la talla. Nada más hay que saber en qué momento de la madurez de la madera utilizarla, porque debe estar bien seca, y saber ver la veta cómo va”.

Rusell también hace tallas para bases de mesas de madera y mármol, basándose en modelos europeos de principios del siglo XX. El acabado de sus obras es fino, sin fisuras o daños a la madera. Entiendo que eso se debe al sentimiento que le produce la madera, relación esencial para un producto como el que le sale de las manos y la mente.

El, como artista del interior del estado, de Kantunil, hemos dicho, guarda similitudes profesionales con el gran artista plástico, Víctor Argáez, que despliega gran actividad práctica, desde su natal Buctzotz.

Utilizar y consumir obras de arte talladas en madera, no es muy común en Yucatán, porque no forman parte de nuestra tradición. La retablística conventual del barroco llegó a nosotros a través de Guatemala y apenas si quedan rastros de ese magnífico arte, que no se ha querido reconstruir en la entidad, pero cuyas piezas pueden verse desperdigadas en casas particulares o en manos de coleccionistas o en iglesias, de donde no corresponden determinadas piezas.

Sin embargo, en Yucatán surgen talentos muy particulares como el de Russel Avilés Zapata.

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