En el corazón de Valladolid, una de las ciudades coloniales más encantadoras de Yucatán, se encuentra el Cenote Zací, un sitio que combina naturaleza, historia y misticismo. A diferencia de otros cenotes escondidos en la selva, este cuerpo de agua se localiza dentro de la mancha urbana, lo que lo convierte en una parada imperdible para turistas que buscan refrescarse sin alejarse del centro histórico.
Rodeado de vegetación, con muros de roca caliza y un restaurante con vista privilegiada, el Cenote Zací es ideal para quienes desean conocer un atractivo natural sin complicaciones logísticas. Sin embargo, más allá de su belleza escénica, este lugar resguarda una de las leyendas mayas más trágicas y conmovedoras de la región.
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¿Cómo llegar al Cenote Zací en Valladolid?
El Cenote Zací se ubica a pocas cuadras del centro de Valladolid, cerca del Convento de San Bernardino de Siena. Desde el parque principal, se puede llegar caminando en aproximadamente 10 minutos, siguiendo la señalización turística.
Para quienes prefieren el transporte público, diversas combis que recorren la ciudad pasan por avenidas cercanas al cenote; basta con preguntar por la parada más próxima. También es posible llegar en taxi, una opción accesible y rápida dentro de Valladolid, especialmente para visitantes que no conocen bien la ciudad o viajan en grupo. Su ubicación céntrica lo convierte en uno de los cenotes más fáciles de visitar en Yucatán.
La trágica leyenda del Cenote Zací
La historia del Cenote Zací se remonta a la época en que Valladolid era la ciudad maya de Zací, fundada en 1543 durante el dominio de los linajes Cupules y Cocomes. Dentro de esta ciudad se encontraba el cenote, y sobre su bóveda vivía una poderosa curandera y hechicera, patrona de la familia Cocom y figura influyente en la vida política y espiritual del lugar.
La hechicera cuidaba con devoción a su nieta Sac-Nicte, una joven huérfana de gran belleza, en quien depositaba todo su amor. En Zací, el poder estaba dividido entre dos familias rivales, y el cacique Halach-Huinic gobernaba junto a su hijo Hul-Kin, príncipe de los Cupules. Aunque al inicio Hul-Kin y Sac-Nicte parecían odiarse, con el tiempo su relación se transformó en un amor profundo y secreto.
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Cuando el cacique descubrió el romance, enfurecido envió a su hijo lejos, con la intención de casarlo con una princesa de otro pueblo para sellar una alianza. Sac-Nicte, devastada y embarazada, perdió toda esperanza. Su abuela recurrió a rituales y hechizos, implorando a los dioses el regreso del príncipe, mientras la joven se bañaba cada noche en el cenote como parte del ritual.
La tragedia llegó cuando Sac-Nicte supo que Hul-Kin se casaría. Desesperada, ató una piedra a su cabellera y se arrojó a las aguas del cenote. Esa misma noche, Hul-Kin sintió un dolor inexplicable y regresó a Zací, solo para descubrir la verdad. Consumido por el dolor, se lanzó al cenote para morir junto a su amada.
Cuenta la leyenda que la hechicera, rota por la pérdida, lanzó una flor blanca al agua y maldijo el cenote, decretando que cada año, cuando el agua se tornara oscura, cobraría una vida como sacrificio por aquel amor prohibido. Desde entonces, el Cenote Zací no solo es un atractivo turístico, sino también un sitio cargado de historia, pasión y misterio.