Durante años, el mal de Chagas ha estado presente en Yucatán sin hacer ruido. No suele saturar hospitales ni ocupar titulares diarios, pero avanza con paciencia, se instala en el cuerpo y, en muchos casos, cobra factura décadas después. Hoy, mientras miles de personas podrían vivir con el parásito sin saberlo, la ciencia local empuja una noticia que marca un punto de inflexión: el desarrollo de una vacuna preventiva entra en su etapa final y podría comenzar su fase decisiva en los próximos meses.
Desde el Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), uno de los polos científicos más importantes del sureste mexicano, se trabaja desde hace años contra una enfermedad que forma parte del paisaje epidemiológico del estado. Ahí, la directora del centro, Eugenia Guzmán Marín, confirma que el proyecto de vacuna contra el mal de Chagas ya está técnicamente desarrollado y transita por los últimos filtros de seguridad y validación.
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No se trata de una promesa lejana. Si los procesos regulatorios avanzan conforme a lo previsto, este mismo año podría marcar el inicio formal de la etapa final del proyecto, con miras a concluir su validación hacia finales del 2026. Un paso inédito frente a un padecimiento que, hasta hoy, no tiene cura definitiva.
Menos cardiopatías
La vacuna, aclara la investigadora, no busca eliminar el contagio, sino evitar el daño más grave. El objetivo es claro: reducir la posibilidad de que las personas infectadas desarrollen cardiopatías severas, la principal causa de muerte asociada al Chagas. En otras palabras, impedir que una infección aparentemente inofensiva termine, años después, en insuficiencia cardíaca.
El avance científico contrasta con la realidad cotidiana del estado. Estudios recientes estiman que alrededor de 16 mil personas en Yucatán podrían estar infectadas con Trypanosoma cruzi, el parásito causante del Chagas, lo que equivale a una prevalencia aproximada de 0.69%. La cifra es conservadora. La mayoría de los casos no se detectan porque la enfermedad suele ser silenciosa durante años.
La transmisión ocurre principalmente a través de la picadura del insecto conocido localmente como “pic”, la chinche Triatoma dimidiata. Durante los meses más calurosos, entre abril y junio, el vector sale de grietas, techos de palma y rincones oscuros en busca de alimento. Está presente en al menos 94 municipios del estado, con mayor incidencia en zonas rurales e interiores.
En la fase aguda, el Chagas puede provocar fiebre, dolor de cabeza y malestar general. Síntomas comunes, fácilmente confundibles con cualquier infección viral. El verdadero problema aparece mucho después: hasta 20 años más tarde, cuando comienzan a manifestarse las complicaciones cardíacas que cambian la vida de quienes nunca supieron que estaban infectados.
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Sin patrón repetitivo
Los mapas epidemiológicos más recientes muestran que la enfermedad no se distribuye de manera uniforme. El sur y sureste de Yucatán concentran las tasas más altas de incidencia acumulada. Municipios como Mama, Maní y Tekom registran los niveles más elevados, mientras que Ticul destaca por su alta morbilidad. Mérida, Valladolid, Tizimín y el propio Ticul concentran el mayor número absoluto de casos, una paradoja que refleja cómo el Chagas también se infiltra en zonas urbanas.
Entre 2003 y 2022 se reportaron oficialmente mil 230 casos nuevos en el estado. La tendencia ha sido irregular, con picos como el de 2011 y mínimos como el de 2019. Para 2025, Yucatán ya se colocaba en el segundo lugar nacional por casos crónicos registrados, una señal de alerta que refuerza la urgencia de la prevención.
Apoyo internacional
En este contexto, la investigación científica cobra una dimensión humana. El proyecto de la vacuna cuenta con el respaldo de la Universidad de Baylor y forma parte de una cartera más amplia de investigación del Centro Hideyo Noguchi, donde actualmente se desarrollan 25 proyectos activos y siete más en proceso de arranque, varios enfocados en enfermedades infecciosas que afectan directamente a la región.
Mientras la vacuna avanza, la prevención sigue siendo la primera línea de defensa. Mantener viviendas limpias, sellar grietas, revisar techos y patios, y reconocer al insecto transmisor puede marcar la diferencia. También lo es el diagnóstico oportuno. En Yucatán, las pruebas están disponibles tanto en servicios públicos como en laboratorios privados, aunque la mayoría de las personas no las solicita porque no presenta síntomas.
El Chagas no es una enfermedad del pasado ni un problema resuelto. Pero hoy, por primera vez en décadas, el horizonte comienza a cambiar. La ciencia hecha en Yucatán avanza contra una amenaza silenciosa, con una vacuna que no promete milagros, pero sí algo fundamental: tiempo, calidad de vida y la posibilidad de que miles de historias no terminen en un corazón dañado.