“Se vende una mula” fue una farsa teatral presentada en el “Festival de Teatro Callejero”, en la cual la venta de un animal conllevó a la confusión con un futuro casamiento de la hija de la mujer que vendía este animal; los campechanos se rieron de las ocurrencias de estos personajes.
En el pasaje “Román Piña Chan”, se presentó “Se vende una mula”, con cual los ciudadanos pudieron aprovechar el momento para vaciar sus preocupaciones diarias en una serie de pequeñas escenas que retrataron una especie de costumbrismo vivido en las localidades o de confusiones sucedidos por la falta de comunicación entre las personas.
Los encargados de la presentación fueron el grupo “Atrapasueños” que, desde Candelaria, trajeron a la capital una puesta en escena aficionada, pero con todas las ganas de demostrar su amor por las artes escénicas.
Ante los ojos de una decena de espectadores, una señora pretendía vender una mula, por lo que fue a buscar algo para curarla, al salir la hija y el novio aparecieron en escena, este último pretendía pedir la mano de la mujer y estaba decidido a ello, hasta que llegó un campesino que pretendía comprar a la mula… la confusión sucedió cuando la madre recibió al joven que quería desposar a su hija y entendió que quería comprar la mula, por lo que las descripciones dadas, desanimaron al hombre.
Después el campesino llegó y en ese momento la madre creyó que este sería su futuro yerno, luego de que su hija le dijera que iría a pedir su mano un muchacho, así que entre dimes y diretes surgió la confusión, mientras la criada del lugar se bebía sus buenos tragos de tequila.
En lo que pareciera una burda escena de clasismo y costumbre, prevalece la lógica de la farsa, que pretende contar de forma cómica una escena tradicional del día a día, como aquella que surgió después de la Edad Media, donde las personas iniciaron a retratar su vida diaria y no la solemnidad de un acto religioso o una historia moralista.
Ahí los actores pretendían hacer reír, tal vez decir que es necesario mejorar la comunicación entre las personas, para que no les vendan gato por liebre.
(David Burelo)