CAMPECHE, Cam., 14 de julio.- Sería injusto culpar a los choferes por el mal servicio de transporte urbano que se presta en la capital de Campeche, sin embargo, la conducta de éstos denota que lo último en importancia es el usuario y la calidad del servicio que a éstos se les brinda.
En Campeche, como en la mayoría de las ciudades del país, el transporte urbano está prácticamente “secuestrado” por unas cuantas empresas o sociedades cooperativas concesionarias del servicio, cuyos representantes mantienen estrechos vínculos con la clase gobernante.
A pesar de que a nivel nacional el transporte público fue liberado hace ya varios lustros, en Campeche un puñado de concesionarios son los que controlan este servicio que es vital para la ciudadanía.
Conformados durante la era hegemónica del Partido Revolucionario Institucional (PRI), los concesionarios y sindicatos que regentean el transporte público no hacen el mínimo esfuerzo por mejorar la calidad del mismo, pues consideran que la relación de complicidad que sostienen con el gobierno los hace invulnerables a sanciones graves, como podría ser el retiro de las concesiones.
La actitud de autosuficiencia e invulnerabilidad asumida por los concesionarios ha sido transmitida a los choferes que se encargan de prestar el servicio a la ciudadanía, mismos que en su gran mayoría son altaneros, prepotentes y groseros con el usuario.
Otros, simplemente asumen una actitud de indiferencia ante el usuario. Ese es el caso del conductor –cuyos datos no revelaremos, por no ser el objetivo primordial de esta nota- de uno de los camiones de la ruta Exhacienda Kalá - Centro.
Son las 14:25 horas y el conductor de la referida ruta llega al final de su recorrido, La Facultad de Ingeniería de la UAC, lugar donde permanece aparcado unos minutos.
Minutos más tarde, el conductor vuelve a poner en marcha el camión y, a vuelta de rueda, circula sobre la avenida Exhacienda Kalá. Es evidente que lo que pretende es captar la mayor cantidad de pasaje, pero es domingo y la mayoría de las personas prefiere mantenerse en casa.
A las 14:43 horas el camión ya está sobre la avenida Ramón Espínola Blanco, con alrededor de 12 pasajeros a bordo. Siempre mirando hacia el frente, nunca hacia los pasajeros que transporta, de momento parece que el chofer intenta acelerar, pero de forma inesperada detiene la macha frente a una tienda de abarrotes.
Con toda la calma del mundo el conductor busca una botella retornable de conocido refresco de cola y, totalmente indiferente, se dirige a comprar su refresco. En ese momento la referida tienda está vacía, pero inexplicablemente el chofer se gasta más de siete minutos en hacer su adquisición.
Estando el cielo despejado, el sol se ensaña con las mujeres, niños y jóvenes que van a bordo del camión. La mayoría suda copiosamente y murmuran cosas sobre la indiferencia, descortesía y descaro del transportista, pero por alguna razón se quedan callados.
Sin prisa, el conductor regresa a su camión y -sin mirar a sus sudorosos e impacientes pasajeros- lo pone en marcha y reanuda su recorrido –a vuelta de rueda- hasta llegar a la antigua carretera federal Campeche - Mérida.
Por un momento pareciera que el recorrido se hará a mayor velocidad, pero al llegar a Kalá divisa a un colega chofer y se detiene a recogerlo. Luego, el chofer vuelve a reducir la velocidad hasta que deja a su amigo frente a las oficinas de la empresa transportista Ammuscam.
Los pasajeros llegan por fin al centro de Campeche alrededor de las 15:20 horas. Inexplicablemente y a pesar de ser domingo y de que el tránsito vehicular era mucho menos que moderado, tuvieron que permanecer casi una hora a bordo del microbús, cuyo conductor les dio un trato de objeto, no de personas.
Otras razones
del pésimo servicio
Puesto que en Campeche el servicio de transporte urbano es controlado por un puñado de concesionarios, éstos han planeado –en contubernio con las autoridades corruptas- las rutas y la forma en que se presta el servicio. De esta forma someten a sus choferes al cumplimiento de reglas que van en detrimento del servicio y que afectan negativamente al usuario.
Una de estas reglas es el “chequeo” que tienen que hacer los conductores en determinados puntos de su derrotero, so pena de ser “multados”, razón por la que no pueden llegar ni antes ni después del horario fijado. Entonces, muchos de ellos no dudan en aparcarse para hacer tiempo o acelerar temerariamente cuando se les hizo tarde, sin importarles que están poniendo en riesgo la vida de los pasajeros e incluso dejan de recoger pasaje.
Hay que reconocer que existen excepciones y que no todos los conductores asumen la misma conducta de menosprecio e indiferencia hacia sus pasajeros, también es evidente que el personal que se encarga de hacer que funcione el servicio de transporte urbano está sometido a mucha presión laboral y se han convertido también en objeto de explotación por parte de sus patrones.
En fechas recientes, un grupo de trabajadores y ex trabajadores del transporte urbano ha amagado con crear un sindicato para dignificar la situación laboral de los camioneros, lo cual es positivo, sin embargo también se debería de trabajar en el mejoramiento del servicio y el trato al usuario, lo cual no ocurrirá mientras esta importante prestación pública siga en manos de empresas que gozan de la protección y complicidad gubernamental.
(POR ESTO! / Campeche)