En el municipio de Candelaria, aproximadamente el 80% de los habitantes padece algún tipo de pobreza. De acuerdo con informes recientes de la Secretaría de Bienestar (Sebien), el 49.5% vive en pobreza moderada y un 31% en pobreza extrema.
Candelaria y Calakmul concentran los mayores índices de marginación y rezago social en el Estado, especialmente en las zonas rurales, donde se resiente la falta de infraestructura carretera y apoyos económicos insuficientes para superar la línea de bienestar.
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Aunque el presupuesto municipal 2026 asciende a 469 millones 999 mil 160 pesos, las condiciones de las calles han derivado en la inconformidad de habitantes de la cabecera municipal y de comunidades, quienes denuncian el deterioro de la infraestructura vial y la falta de obras de pavimentación.
En diversos sectores, los ciudadanos enfrentan baches de grandes dimensiones, tramos sin pavimentar y vialidades deterioradas, lo que se agrava en la temporada de lluvias al acumularse agua y lodo, aumentando el riesgo de accidentes.
Las críticas se han endurecido contra el gobierno del morenista Jaime Muñoz Morfín, al no llegar la “transformación” prometida. Conductores señalan que transitar por estas vías representa un riesgo constante para vehículos, mientras que motociclistas y tricicleros enfrentan un peligro mayor.
Habitantes recriminaron las acciones del ayuntamiento, que en algunos puntos utiliza sascab y tierra para cubrir baches, pero las reparaciones desaparecen con las primeras lluvias, generando hoyos más grandes.
Las quejas se extienden a comunidades como Miguel Hidalgo, Benito Juárez y El Desengaño, además de la cabecera municipal, donde vecinos aseguran que durante años han solicitado obras de pavimentación y mantenimiento de calidad, sin respuestas de fondo.
El deterioro de las vialidades también contrasta con la imagen turística de Candelaria como Pueblo Mágico, ya que la única “magia” que ven los ciudadanos es la aparición repentina de nuevos cráteres en las calles.