Zheger Hay Harb
La nota colombiana
El senador Jorge Enrique Robledo abrió el debate en el Senado contra el fiscal general en el caso de corrupción de Odebrecht porque debió haberse declarado impedido en este caso dado que su firma de abogados había asesorado ese contrato. “Es una mentira más grande que una catedral” respondió el fiscal y acusó a Robledo de haber presentado documentos falsos para sustentar su acusación.
Pero Robledo, que no es manco, comprobó que el hijo del fiscal, socio de la empresa familiar, emitió un concepto dirigido a los bancos que debían financiar a la empresa Navelena (la que recibió los sobornos).
Ya pescado en falta, el fiscal se vio obligado a admitir que sí era un concepto de su hijo pero que no era para el préstamo sino para la estructuración general del proyecto. Es decir, no pero sí, aceptando algo que antes había negado.
Todavía nos debe la explicación de porqué cerró la investigación y porqué no aceptó desde un comienzo que su hijo tuvo injerencia en la empresa. Hay un abismo ético y legal entre eso y “es una mentira más grande que una catedral”. O, de pronto sí tiene razón, sólo que no nos ha dicho de quién es la mentira.
Como chispitas de fuegos artificiales al fiscal cada día le están destapando un nuevo escándalo: ahora tres humildes señoras que nunca en su vida han tenido cuenta bancaria denuncian que les aparecieron tres títulos valor de Corficolmbiana a su nombre utilizando su nombre y número de identificación. Simultáneamente, un señor en Bogotá reclamaba porque esa misma empresa le birló sus ahorros alegando que los títulos que él presentaba eran falsos, que la firma no correspondía y que los que él reclamaba estaban a nombre de tres señoras. La Corte Suprema le dio la razón al demandante pero, dice este señor, Néstor Humberto Martínez, como apoderado de esa empresa, presentó a las tres señoras mencionadas como propietarias de los títulos que él pretendía hacer valer y el juez, sin llamarlas a declarar, le dio la razón a la empresa.
Dice una de las señoras, en video que presentó Noticias Uno, que NHM les dijo “¿pero ustedes no estaban muertas?” Debieron probar su supervivencia y negar ser dueñas de esos títulos. Sin embargo, el verdadero dueño no pudo reclamar su dinero, a pesar de haber sido reconocido su derecho. Contra toda evidencia, Corficolombiana sigue presentando los títulos falsos y el reclamante ve cerrados sus caminos en la justicia. ¿Deberíamos extrañarnos todavía de que Jorge Enrique Pizano le dijera a la periodista de Semana que estaba asustado? ¿Alguien duda en Colombia de la larga y poderosa mano del fiscal general?
A eso se suman acusaciones sobre su supuesto ocultamiento de propiedades en el exterior no declaradas ante el fisco colombiano. El periodista Gonzalo Guillén es quien ha presentado las denuncias y publicó sus afirmaciones en el portal La Nueva prensa sobre el caso de propiedades del fiscal en España mediante una empresa de fachada, suya, en Panamá. Dice el denunciante que la empresa es Amanda Advisors S.A. en la cual todas las acciones están al portador. El periodista pidió información a la fiscalía que nunca fue respondida y el fiscal en respuesta dice que no se había enterado. ¿En una entidad como la fiscalía alguien pide información sobre bienes del fiscal general y éste no se entera?
Se trata de un apartamento en Madrid que, según el periodista, cuesta 3 millones de euros, sobre el cual proporciona datos de la notaría donde lo habría registrado, número de folio y demás datos de identificación oficial, y fondos en el Banco Santander recibidos a través de transferencias de paraísos fiscales, lo cual, asegura, vincularía al fiscal con el escándalo de los Panama Papers.
“Rosas &Rosas (la firma panameña) ha sido judicialmente señalada de blanquear fondos negros de la constructora Odebrecht con el objeto de pagar sobornos alrededor del mundo”, aseguró el periodista.
El fiscal se defiende: ante la revelación de Noticias Uno de los audios que le entregó Pizano de sus conversaciones con el fiscal, éste dice que fue una charla personal, pero hay que preguntarse si uno graba las conversaciones amistosas. Hay que concluir que si Pizano lo gravó es porque desconfiaba de él. “Eso son coimas, sí o no. Le pregunta en la grabación el encartado y su supuesto amigo responde: Hombre, no sé con certeza”. Dice NHM que él conoció las “inquietudes” del hoy finado antes de ser fiscal y que un particular no está obligado a denunciar los ilícitos que conozca. (Ya un abogado le respondió que hay una excepción en el caso de lavado de activos, por lo cual debió haber puesto en conocimiento de las autoridades lo que le dijo Pizano) Pero en todo caso un fiscal sí está obligado y dado que él ya conocía los hechos debió haber iniciado investigación oficiosa.
Aduce también el fiscal que como el caso no había llegado a juicio no tenía por qué actuar ni aportar pruebas, pero no se necesita tener su experiencia en el litigio para saber que éstas son importantes aún antes de la etapa procesal de juicio. En uno de los audios que grabó Pizano, dice el fiscal: “mire todos los delitos que se han cometido: soborno, lavado de activos, falsedad en documento privado, administración desleal, abuso de confianza, hurto agravado, peculado por apropiación” y, sin embargo, no consideró necesario actuar.
El senador Robledo y en general la opinión especializada y del común coinciden en que el fiscal general debe renunciar. Seguramente se avecina un debate en el Senado en que este curtido senador y otros más –no sólo de la oposición de izquierda- pedirán su renuncia. Pero ya tuvimos la experiencia del ministro de Hacienda: pese a que en el Congreso quedó claro lo que todos sabíamos, es decir, que tiene serias fallas éticas que lo hacen indeseable como ministro, el gobierno logró –no sabemos mediante qué argucias pero podemos imaginarlas- que no fuera obligado a retirarse.
Si eso pasó con ese ministro, que está muy lejos de detentar el poder del fiscal, mucho menos con alguien tan poderoso como Néstor Humberto Martínez que, además, debe conocer, como litigante y como fiscal, más de un secreto de muchos poderosos.
Como tituló la revista Semana el “Fiscal Martínez está contra las cuerdas”. Pero no se cae. Tendremos un fiscal cuestionado, en quien nadie cree, de quien todos desconfían, pero lo más probable es que siga hasta el fin del período para el cual fue elegido. Esa es nuestra democracia.