Quintana Roo registró un retroceso en la disponibilidad de agua en los hogares al pasar de 93.7 a 91.8 por ciento en el 2025, de acuerdo con cifras de Naciones Unidas en el monitoreo de la Agenda 2030. En términos absolutos, esta disminución implicó que alrededor de 400 mil habitantes de la entidad carecen del servicio de agua entubada.
De manera paralela, la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA) reconoció que 95 mil 600 personas no cuentan con acceso al líquido, lo que representó el 4.8 por ciento de la población. El organismo precisó que se requería una inversión inmediata de aproximadamente 600 millones de pesos para atender esta problemática.
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Por su parte, autoridades municipales en Benito Juárez señalaron que en Cancún existen al menos 213 asentamientos irregulares, donde viven cerca de 350 mil ciudadanos sin acceso a servicios básicos de infraestructura como agua potable, drenaje y electrificación.
Habitantes de estas colonias indicaron que para obtener agua recurren a los pozos, aunque ese recurso sólo lo utilizan para lavar o bañarse. Para la preparación de alimentos y el consumo humano, señalaron que compran al menos seis garrafones de agua a la semana para una familia de cuatro integrantes.
Una de las afectadas, vecina de la colonia Copa Buena desde hace siete años, ubicada en la periferia del antiguo basurero de la parcela 1113, en la zona continental de Isla Mujeres, explicó que su familia depende de esta dinámica para cubrir sus necesidades básicas.
Durante una entrevista realizada en su domicilio, comentó que contaba con un pozo de agua, lo que consideró una ventaja frente a otros vecinos. Detalló que el líquido sale aparentemente limpio, aunque con olor a cloro, sustancia que utilizaban de manera regular para mantener condiciones de higiene. No obstante, aclaró que para beber y cocinar prefiere adquirir agua purificada a los repartidores que llegan hasta la colonia.
La vivienda forma parte de un conjunto de más de 500 casas asentadas en dos colonias localizadas en las inmediaciones de lo que fue un basurero en la zona continental de Isla Mujeres. Reconoció que en ocasiones persisten malos olores y proliferación de moscas en el área.
Al igual que otros habitantes de la región, señaló que las descargas de aguas residuales se realizan directamente hacia áreas de cenotes, aunque manifestó no temer que esta práctica contamine el agua de su pozo.
Investigadoras especializadas en el tema establecieron que los primeros asentamientos irregulares surgieron en las afueras del centro poblacional, al norte de de la ciudad. Así lo documentó el estudio “Análisis de las zonas de asentamientos irregulares desde la perspectiva de las capacidades en Cancún, Benito Juárez”, elaborado por las académicas Pilivet Aguiar Alayola, Christine Elizabeth McCoy Cador y Lucila Zárraga Cano.
El análisis precisó que, además de la expansión hacia el norte, personas con escaso poder adquisitivo se establecieron en zonas como el Ejido Bonfil, al suroeste de la ciudad, donde se comercializaron tierras de manera ilegal a precios accesibles.
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Las investigadoras subrayaron que Cancún alcanzó casi un millón de habitantes y se consolidó como un caso exitoso desde la perspectiva turística, al recibir miles de visitantes cada mes que conocen principalmente la zona hotelera, dotada de servicios de clase mundial. Sin embargo, advirtieron que este éxito económico no se tradujo necesariamente en mejores condiciones de vida para los residentes de las zonas habitacionales, en especial en los asentamientos irregulares.
El estudio también abordó el fenómeno de desarrollos habitacionales irregulares en tierras ejidales, las cuales fueron desincorporadas del Registro Agrario Nacional y vendidas sin su debida integración al municipio. Estas áreas carecen de infraestructura pública y de certeza jurídica sobre la tenencia de la tierra.