La habilitación de viviendas móviles a partir de contenedores representa una opción viable para los habitantes de la región, ya que el costo puede reducirse hasta en un 50%, dio a conocer el arquitecto y ambientalista yucateco avecindado en esta ciudad, Antonio Padilla Flota.
Explicó que una casa convencional puede alcanzar los 120 mil pesos, mientras que una estructura con contenedor oscila entre 50 y 60 mil pesos. Añadió que este tipo de edificación ofrece mayor resistencia ante huracanes y facilita su traslado.
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Actualmente apoya en la adecuación de dos contenedores como casas habitación completas, con espacios de recámara, baño, cocina y sala, ubicadas en la colonia Vicente Guerrero, entre la calle homónima y las vialidades 35 y 33.
Las estructuras cuentan con lámina de alta resistencia y están ancladas al suelo mediante zapatas de acero soldadas, lo que les proporciona estabilidad frente a fenómenos naturales. Para mitigar el calor, se han acondicionado con palapas tradicionales, que ayudan a mantener temperaturas más frescas en el interior.
Padilla Flota señaló que este modelo habitacional es común en Estados Unidos, pero en la región aún es poco conocido. Sin embargo, este año ha comenzado a despertar interés entre jóvenes.
Uno de los principales retos es el traslado de los contenedores, que pueden medir entre 20 y 40 pies (más de 12 metros), lo que requiere el uso de grúas y tráileres.
La iniciativa surgió del interés compartido con su esposa por el reciclaje y la protección ambiental, reforzado tras un viaje a Progreso, Yucatán, donde arriban contenedores por vía marítima.
Este tipo de construcción forma parte de la tendencia conocida como “cargotectura”, que consiste en reutilizar contenedores marítimos para desarrollar viviendas sostenibles y de bajo costo. Según la revista Arquitectura de Construcción México y Latinoamérica, esta corriente surgió a finales del siglo XX y se popularizó en la década del 2000 por su bajo impacto ambiental.
En la actualidad, este esquema es más frecuente en Estados Unidos, Reino Unido, Países Bajos y Alemania, donde la normativa y la disponibilidad de contenedores en desuso facilitan su implementación.