Ciudadanos de Cancún consideran que la violencia se ha normalizado en la ciudad.
Ante los recientes hechos, su preocupación aumenta, pues califican como insuficientes los esfuerzos policiacos realizados hasta ahora.
Comercios que han sido blanco de ataques armados enfrentan un panorama incierto, mientras que sus empleados temen por su seguridad, aunque no pueden dejar de trabajar.
En fechas recientes, diversos negocios han sido blanco de ataques armados, lo que ha perturbado a la ciudadanía al ocurrir en zonas concurridas.
A pesar de las investigaciones realizadas, la Fiscalía General del Estado (FGE) no ha determinado el móvil de los ataques. Entre el sector empresarial se especula que podrían estar relacionados con cobro de piso, ajustes de cuentas o incluso que alguna de las víctimas se encontrara en el lugar equivocado.
Familias y habitantes reconocen que han terminado por normalizar la violencia. Señalan que las autoridades no atienden las causas de fondo y que tampoco existe una conciencia ciudadana lo suficientemente fuerte para generar un rechazo colectivo frente a estos crímenes.
El viernes 13 de enero se registró un ataque armado en el bar “Las Muñecas de Choky”, anteriormente “La Palapa de Choky”, que dejó cuatro trabajadores lesionados por arma de fuego.
Un día después, el establecimiento permanecía vacío y acordonado por la policía municipal. Mientras tanto, en la Región 230, donde ocurrieron los hechos, los vecinos continuaban con su vida cotidiana durante el fin de semana.
Habitantes del lugar señalan que no es la primera agresión contra el establecimiento.
Recuerdan al menos cuatro atentados en aproximadamente siete años: en 2018 hubo tres personas fallecidas y 15 heridos; en 2022 el sitio se incendió en un hecho que se vinculó extraoficialmente con cobro de piso; en diciembre de 2025 un mesero resultó herido en otro ataque; y el más reciente dejó cuatro trabajadores lesionados.
Un vecino, quien pidió omitir su nombre por seguridad, vive a escasos metros del bar.
Explicó que, aunque teme por su integridad, ha aprendido a convivir con la violencia, pues no considera que pueda cambiar el entorno en el que ha habitado durante 15 años. Señaló que, afortunadamente, ni él ni otros vecinos han resultado directamente afectados.
“Es trágico lo que les ha pasado, principalmente a los meseros, que solo vienen a ganarse la vida. El crimen los alcanza y pueden pagar hasta con su vida. Ya no se puede trabajar en estos lugares sin temor a resultar herido, ser tomado como rehén o incluso morir”, expresó.
El 10 de enero también se registró un ataque armado e intento de incendio contra una tienda de abarrotes en el fraccionamiento Aloja, donde una mujer resultó herida.
En la zona prevalece el temor; vecinos prefieren no hablar por miedo a represalias. En un comercio del lugar comentaron que, aunque están inconformes y asustados, deben continuar trabajando porque no tienen otra opción.
Otros habitantes señalan que el ambiente es tenso, pues temen que estos hechos sienten un precedente para que la criminalidad se expanda hacia zonas que antes eran relativamente tranquilas.
La violencia también ha afectado a restaurantes y bares consolidados. El bar La Palapita, ubicado sobre la avenida Kabah, sufrió un incendio el viernes 30 de enero que consumió el techo de guano. Quince días después, el establecimiento continuaba en proceso de recuperación, con mallas improvisadas cubriendo el techo. Empleados que retomaban labores admitieron sentir miedo, aunque aseguraron que no pueden renunciar debido a compromisos laborales y la falta de alternativas.
El miércoles 11 de enero, un hombre fue ejecutado en la zona conocida como “El Crucero”, sobre la avenida López Portillo, a primeras horas de la mañana y ante la vista de trabajadores, estudiantes y transeúntes.
El cuerpo quedó tendido en la banqueta, cerca de un puesto de cochinita. A pesar de la escena, algunos comensales continuaron consumiendo alimentos en el lugar.
“La sociedad ha visto tantas tragedias que ha perdido sensibilidad. Sabemos que está mal, pero pareciera que estamos atados de manos y boca. No se hace nada y tampoco se puede decir nada”, expresó una ciudadana.
Aunque las autoridades han informado sobre una disminución en homicidios, habitantes de Cancún sostienen que los hechos de alto impacto continúan generando miedo. La percepción general es que la violencia se ha vuelto parte del paisaje cotidiano en las calles de la ciudad.