Autoridades de Salud confirmaron en días recientes la presencia de casos de leishmaniasis en Yucatán, enfermedad parasitaria transmitida por la picadura de mosquitos flebótomos, conocidos como “moscos chicleros”, lo que encendió las alertas sanitarias por su posible impacto en comunidades rurales del estado.
El médico general Arturo Ruz, de la Unidad Médica Familiar No. 60 Juan Pablo, explicó que la leishmaniasis es causada por parásitos del género Leishmania, los cuales se transmiten a los humanos a través de la picadura de la hembra del mosquito del género Lutzomyia.
Dependiendo de la especie del parásito y de la respuesta inmunológica del paciente, la enfermedad puede manifestarse desde lesiones cutáneas hasta cuadros graves con afectación de órganos internos.
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El especialista señaló que, aunque durante décadas Yucatán no era considerado un foco principal de esta enfermedad, en años recientes se han documentado casos autóctonos en municipios rurales, particularmente en zonas selváticas y regiones con intensa actividad agrícola o forestal.
Indicó que estudios epidemiológicos han confirmado la transmisión local en distintas áreas del estado, evidenciando condiciones ambientales que favorecen la presencia de vectores y reservorios del parásito.
Un mal endémico
Añadió que la leishmaniasis es considerada endémica en la Península de Yucatán, así como en otros estados del sureste mexicano como Campeche y Quintana Roo, donde históricamente se concentra la mayor incidencia de casos, lo que representa un desafío persistente para la salud pública.
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Entre los principales factores de riesgo, destacó el diagnóstico tardío, ya que las lesiones pueden aparecer semanas o incluso meses después de la picadura, dificultando su detección oportuna. Asimismo, subrayó el impacto socioeconómico de la enfermedad, que afecta principalmente a personas que laboran en zonas rurales, como agricultores y recolectores, limitando su capacidad productiva y aumentando la carga económica y familiar.
Participación ciudadana
Arturo Ruz advirtió que la leishmaniasis, aunque suele ser una enfermedad silenciosa, continúa siendo una amenaza latente en diversas comunidades de Yucatán, por lo que su control requiere no solo acciones del sector salud, sino también conciencia y participación comunitaria para proteger a quienes viven y trabajan en zonas de riesgo.