La venta de drogas dentro y fuera de las escuelas de Cancún es un problema real y grave que “debe entenderse como una señal de alerta que merece atención seria por parte de toda la sociedad”, afirmó la maestra en derechos humanos y psicoterapeuta Candy Raygoza.
Sin embargo, en muchos casos no existe registro oficial y la situación queda en el ámbito interno de los colegios o de la Secretaría de Educación. Una madre de familia reveló a POR ESTO! que, hace un par de semanas, un estudiante de la Secundaria Técnica 20 de la Región 221 fue expulsado no solo por consumir marihuana, sino por comercializarla dentro del plantel. “Lo descubrieron vendiendo, pero ni las maestras ni la directora dijeron nada; yo me enteré porque me lo contó mi hijo y los sacaron de la escuela”, relató L. M.
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Otros tres padres comentaron que cada vez es más común escuchar en conversaciones vecinales o entre conocidos referencias sobre distribución de estupefacientes en planteles o alrededores; sin embargo, ninguno confirmó un episodio reciente o comprobable.
Carmen, quien acudió a recoger a sus nietos a la primaria “Alfredo V. Bonfil”, aseguró que, aunque no le ha tocado conocer un episodio cercano, resulta preocupante que ocurra incluso un solo incidente, como el mencionado en las cercanías de la secundaria “Gabriela Mistral”, en la Región 227.
Candy Raygoza, especialista en derechos humanos y psicoterapia, señaló que este fenómeno no se limita a un asunto de seguridad pública ni únicamente a la posible comisión de un delito; también involucra salud pública, educación, desarrollo emocional y protección de la niñez y la adolescencia.
Explicó que la escuela representa uno de los espacios más relevantes para el crecimiento de los menores y cuando los estupefacientes llegan a ese entorno, el riesgo aumenta, ya que los estudiantes se encuentran en una etapa de formación neurológica, psicológica y social particularmente sensible.
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Por ello, la presencia de estas sustancias dentro o en las inmediaciones de los centros educativos debe interpretarse como una señal de alerta que requiere atención seria por parte de toda la sociedad.
Entre estudiantes de secundaria, alrededor del 9.9 por ciento reportó haber ingerido alguna sustancia ilícita durante el último año. En bachillerato el porcentaje aumentó de manera considerable: hasta el 32.1% del alumnado afirmó que probó algún estupefaciente al menos una vez en su vida; y el 22.1 reconoció el uso en los últimos 12 meses, según el Observatorio Mexicano de Salud Mental y Adicciones y la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas en Estudiantes.