Yucatán

A dos años del Tren Maya, el turismo arqueológico de la Península sigue concentrado en Chichén Itzá

Pese al impulso del Tren Maya, las zonas arqueológicas de la Península tienen una afluencia desigual.

Las recientes obras del Promeza ampliaron recorridos, renovaron museos y sumaron Centros de Atención a Visitantes en distintos puntos de la región, pero el público continúa privilegiando los destinos más consolidados. Algunas zonas pasan incluso varios días sin recibir turistas
Las recientes obras del Promeza ampliaron recorridos, renovaron museos y sumaron Centros de Atención a Visitantes en distintos puntos de la región, pero el público continúa privilegiando los destinos más consolidados. Algunas zonas pasan incluso varios días sin recibir turistas / POR ESTO!

A dos años de la entrada en operación del Tren Maya y de la puesta en marcha del Programa de Mejoramiento de Zonas Arqueológicas (Promeza), la apuesta por convertir el patrimonio prehispánico de la Península en uno de los principales atractivos de la ruta ferroviaria muestra resultados dispares: la afluencia no se distribuyó entre los sitios beneficiados por la obra. Se concentró todavía más.

Yucatán mantiene la posición dominante gracias a Chichén Itzá, que durante 2025 recibió 2 millones 182 mil 34 visitantes, mientras que Quintana Roo, pese a las obras de rehabilitación y apertura de nuevos sitios, cerró el mismo año con 1 millón 901 mil 461, todavía 44.3 por ciento por debajo de los 3 millones 413 mil 730 registrados en 2019.

Noticia Destacada

Zona arqueológica de Dzibilchaltún estrena museo que exhibe 304 piezas de la cultura maya

Los datos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) muestran así una realidad distinta a la expectativa inicial de que el Tren Maya detonaría de manera homogénea la llegada de turistas a los sitios arqueológicos de la región. Desde el inicio del proyecto, el propio INAH señaló que la nueva infraestructura ferroviaria y el Promeza estaban destinados a incrementar la afluencia en sitios próximos a la ruta, entre ellos Chichén Itzá, Uxmal, Tulum y Chacchoben.

Ek Balam, en el oriente del estado, cerró el año con 134 mil 499 visitantes; Dzibilchaltún, a las puertas de Mérida, con 43 mil 753. Y en el otro extremo de la tabla está Chacmultún, en la Ruta Puuc, que en todo 2025 recibió mil 798 personas: apenas el 0.08 por ciento de lo que registró Chichén Itzá, lo que la convierte en la zona arqueológica menos visitada de Yucatán desde hace varios años.

La desproporción no es por falta de obra. El propio INAH ha documentado avances puntuales del Promeza en cada uno de estos sitios: en Uxmal, la apertura del conjunto El Palomar amplió en 20 por ciento el recorrido disponible para el público y se avanza en la construcción de un Centro de Atención a Visitantes (Catvi); en Ek Balam se acondiciona otro Catvi junto con un centro de interpretación renovado; en Dzibilchaltún ya está listo tanto el Catvi como la restructuración del museo de sitio. La Ruta Puuc completa —Oxkintok, Kabah, Sayil, Xlapak, Chacmultún y la propia Uxmal— recibió trabajos de investigación, conservación y señalética, además de que ahí se construye un nuevo Museo Arqueológico del Puuc.

Pese a las obras de conservación y mejoramiento, varias zonas arqueológicas continúan registrando una afluencia reducida de visitante / POR ESTO!

La afluencia en la Península

El fenómeno no es exclusivo de Yucatán, aunque aquí se expresa con mayor nitidez que en el resto de la Península. En Quintana Roo, donde el Promeza intervino 11 de las 13 zonas arqueológicas abiertas al público —entre ellas Tulum, Chacchoben, Kohunlich e Ichkabal, esta última inaugurada en 2025 con 38 mil 186 visitantes en su primer año—, la afluencia total del estado cerró 44.3 por ciento por debajo de la registrada antes de la pandemia. El director del Centro INAH Quintana Roo, Margarito Molina Rendón, atribuye la falta de recuperación a una combinación de factores ajenos a la infraestructura: los efectos que aún arrastra la pandemia, el sargazo, la fortaleza del peso frente al dólar y el encarecimiento de los vuelos, que reduce el margen de gasto del turista estadounidense para actividades culturales.

En Campeche, con una oferta encabezada por Edzná y Calakmul, el crecimiento también existe, pero es más disperso y de menor volumen que en Yucatán o Quintana Roo.

Noticia Destacada

Chichén Itzá reabrirá este lunes 1 de junio tras casi dos semanas de protestas

Una diferencia de pesos

Para las comunidades asentadas junto a estos sitios, la diferencia no es estadística: es la diferencia entre un flujo constante de visitantes que sostiene artesanías, guías locales y comercio, y uno tan reducido que apenas justifica mantener abiertos los servicios. En la Ruta Puuc, donde ejidos y pequeños comercios apostaron a que la llegada del tren multiplicaría el turismo cultural más allá de Chichén Itzá, los números de 2025 muestran que esa apuesta, por ahora, sigue sin cumplirse a la escala prometida.

El resultado, dos años después de la puesta en marcha del tren, es una Península a distintas velocidades: Yucatán concentra el volumen turístico gracias a un solo sitio; Quintana Roo cuenta con infraestructura renovada que todavía no logra traducirse en la recuperación de sus cifras históricas, y Campeche avanza con destinos de menor escala. Dentro del propio Yucatán, el patrón se repite en miniatura: una zona arqueológica que ya era un gigante turístico antes del tren absorbe la inmensa mayoría del flujo, mientras el resto —con obra terminada, museos nuevos y mejores accesos— sigue esperando que ese turismo se reparta.

A esa desigualdad se suma un problema adicional: tres zonas arqueológicas del estado, Mayapán, Balamcanché y las grutas de Loltún, permanecen cerradas al público. Loltún, afectada desde 2020 por las inundaciones de la tormenta tropical Cristóbal, podría reabrir en este 2026 después de cinco años sin recibir visitantes, según ha señalado el propio INAH.

El balance, entonces, no es que el Tren Maya y el Promeza no hayan cumplido. Construyeron Catvis, museos, senderos y ampliaron zonas de visita en prácticamente toda la oferta arqueológica de Yucatán. Lo que no lograron —al menos no todavía— fue el objetivo que se planteó desde el inicio del proyecto: que la nueva infraestructura repartiera de manera más homogénea la afluencia turística entre los sitios prehispánicos de la región.