Siguiendo las tradiciones de la Semana Santa, campechanos devotos acudieron ayer Sábado Santo a la Parroquia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, conocida como la Catedral, para la realización de la vigilia pascual, siendo esta la celebración más importante del año cristiano, dado que marca el paso de la muerte a la resurrección de Jesucristo.
Cientos de personas llegaron al lugar desde temprano, rodeando el recinto con largas filas que marcaban la espera de la entrada al inicio de la vigilia.
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Con la aparición del padre, la velada comenzó con el encendido del lucernario, acción que consiste en la bendición de un fuego nuevo que enciende el cirio pascual, el cual simboliza a Cristo Resucitado, que consiste en la entrada en la Iglesia a oscuras.
El paso firme de los devotos, el olor de la cera consumiéndose, el aroma del incienso y los susurros del caminar de la fe iluminaron el altar, revelando la imagen oculta bajo un manto blanco que simbolizaba al Hijo de Dios antes de su trascender.
La voz en el micrófono dio inicio a las oraciones y cantos, para proseguir con la lectura del Génesis y Éxodo, apagando los cirios y continuando con la liturgia de la Palabra.
Un solemne canto anunció la Resurrección del Señor; tras la bendición del agua y la renovación del voto bautismal, las campanas anunciaron el regreso a la vida del Hijo de Dios.
Las luces de la Catedral volvieron a encenderse y los feligreses lo recibieron con alegría y gozo. La misa continuó como marca la tradición: de la oscuridad hacia la luz, de la muerte a la vida, y del pecado a la gracia.
Considerada como la celebración más importante del calendario litúrgico, la vigilia pascual mantiene viva la fe y devoción entre los campechanos, quienes año con año se conservan infaltables a las fiestas de la Pascua.
“Su rostro brillaba como el relámpago y sus vestiduras eran blancas como la nieve”, decía el sacerdote oficiante, mientras los fieles oraban por sus seres amados, por la paz y la calma, agradeciendo a Dios sus cuidados.
La multitud presente fue reflejo de la fuerza de la fe que se transmite entre generaciones, cumpliendo con otra Semana Santa de fuerza, amor y calidez.